La soirée fue bien. Era en medio de una plaza! Para que luego digan que lo de beber en la calle sólo lo hacemos en Españañ! Todo se pega. Y efectivamente, estaba plagada de españoles. Españoles dando la nota, jejeje, para no variar. He de decir que intenté pasar lo más desapercibida posible, pero gracias a Dios me fui antes de que llegara -seguro que llegó- el momento “Alcoohooooo, alcohoooooo, alcoohoooo, alcoohoo, ect” (ya sabéis como sigue la canción).

Mis vecinos, M y P (a partir de ahora los llamaremos así para salvaguardar su intimidad), son encantadores, realmente simpáticos y hemos conectado bien, sobre todo con ella. También me han presentado a otro vecino, el único con el que ellos han hecho migas, un chico de Bélgica. Hemos coincidido en que la gente de la residencia son un poco setos… ¡vaya por dios! También creo que será la barrera del idioma que levanta muros entre nosotros, jojoo (no creo).

No he conocido a ningún francés, hasta el grado de tener una conversación más profunda con él. Dos besos he dado a un montón (bueno, tres besos… ¡¡aquí se dan tres besos!!). Hablé bastante, en francés, gracias a dios, con un marroquí muy simpático aunque un poco serio.

En cualquier caso, yo me retiré pronto, ya que HOY, AHORA para más detalles, me viene a recoger mi profe-coordinadora, para llevarme al instituto…. ¡¡¡¡QUÉ NERVIOS!!!!!

Ya os contaré…

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