Qué fuerte qué fuerte lo que me pasó ayer en la oficina de la CAF.

Avignon no es muy grande, pero no me imaginaba tener tan mala suerte.

Os pongo en situación: el viernes pasado había ido a buscar información sobre los cursos de francés a una pequeña academia en el centro. Cuando llegué, después de llamar por teléfono, la tipa, una mujer embarazada de unos treinta y pocos años, morena y con unos rasgos super raros, y no demasiado simpática, me estaba esperando con un examen de nivel, de una hoja. Me encontré con la encerrona, pero bueno,acepté hacerlo. Y es que me fastidia mucho que hagan este tipo de cosas. Primero háblame de dinero,y luego ya seguimos con todo lo demás… El caso es que acepté, y me senté, y en 15 minutos había terminado. Luego la profesora lo corrigió delante mío en 0’5 minutos, me dijo qué nivel tenía, y me dijo que se trataría de unas clases de 20 euracos la hora, particulares. Yo,para salir de aquella rápidamente, la dije que tendría que hacer números porque hasta noviembre no iba a cobrar. Nos despedimos, y por mi parte, hasta nunca (o eso creía yo), porque no me puedo permitir unas clases particulares y menos a ese precio, por mucho que ella me dijera que era muy barato y que ella era una profesional.

Qué mala suerte, que voy y me la encuentro, ayer martes, en la oficina de la CAF, a donde había ido a pedir los papeles para la ayuda al alquiler. No sabía que se me avecinaba otro de esos grandes momentos “curso intensivo de francés oral”.

Primer round:
Se me acerca sonriente y la saludo intentando salir del paso.

Segundo round:
Se acerca de nuevo al verme salir de los servicios, y me pregunta:
-¿Qué vas a hacer con las clases?
– Pues mira, precisamente tengo aquí mi contrato, y te voy a mostrar lo que cobro (780 euros), para explicarte que con este salario, no me puedo permitir pagar unas clases particulares.
Ah, claro (leáse con retintín). ¿Y cuándo pensabas decírmelo? ¿No me ibas a llamar?
– (Pilar, piensa una excusa, piensa, piensa, piensa…) Sí. Es que he perdido tu tarjeta, tengo un lío de papeles en casa…
– Aaaaaaaah, claro, que has perdido la tarjeta (leáse con muchííííííííísimo más retintín y gesto de hijaputa). ¿Y no podías buscar el teléfono en internet?
– Pues sí, pero vamos, que estamos todavía a martes, y estuve el viernes en tu escuela. ¿Tanta prisa había para avisarte? (todo esto, con mi francés todo terreno pega-patadas-al-diccionario).
– Aaaaah, claaaro, que ibas a llamarme. Claro. Pues, “c’est pas grave”, pero que sepas que el examen de nivel que te hice, tiene un coste, y se suele pagar por ello en todas las escuelas.
– Pues no lo sabía, no entendí que tenía que pagar por ello, pero es que apenas entiendo muchas cosas. Nunca me han cobrado por hacer un examen de nivel en la vida, tampoco aquí en Francia.
-Ah, claaaaaaaro.
– No tengo ningún inconveniente en pagarte lo que cueste. Yo no sabía que había que pagar, pero si me dices cuánto es, te pago, no pasa nada.
– Ah, non, c’est pas grave, c’est pas grave… (Con un gesto que me si no es porque está embarazada, la hubiera pegado una patada en la boca).

Yo, hasta los huevos ya de esta conversación absurda, me doy la vuelta y me siento en una silla. Ella se retira.

Tercer round:
Se acerca de nuevo.
– ¿Y has mirado otras escuelas?
– Sí, más caras aún que las tuyas. Lo único que me puedo permitir es la Universidad de Avignon.
– ¿Y cuánto pagas allí?
– 380 euros por 3 meses de clase.
-Eso es más caro que mi escuela.
– Es más caro proporcionalmente, pero tu escuela al mes, aunque sean más horas, son 240 euros al mes como mínimo, que yo, como ves, no puedo pagar, es IMPOSIBLEEEEEEEEEEEEE.
– Pero es barato.
– Perdona, yo no digo que no estés pidiendo el precio justo. Te digo que, aunque el curso de la Universidad sean menos horas, no puedo pagar 240 euros al mes. LO SIENTO; ¡NO PUEDO!
– Aaaaaah claro, claro. Que no puedes…

Retiro la mirada y miro para otro lado, ignorándola, ya que la tipa tiene ganas de más guerra, y yo el siguiente paso que voy a dar es tirarla del pelo y morderla la nariz.
Por fin, se da la vuelta y se marcha, no sin antes desearme que me vaya bien en Avignon (seguro que me ha echado mal de ojo). Yo la doy las gracias y cuando está lejos, murmullo para mí:
-PUTA
Y el musulmán sentado a mi lado me ha mirado entre risueño y asombrado.

La sensación que me ha quedado después de esta situación tan violenta, fue, extrañamente, muy agradable. Nunca en la vida había tenido, ni superado un enfrentamiento tan abierto con nadie, y encima en otro idioma. Para mí ha sido una pequeña gran victoria personal. Por lo general suelo ser muy poco asertiva, y se que es algo que tengo que solucionar. Ayer, fui capaz de sostener mis argumentos y no achantarme, y todo sin perder los nervios (aunque con mucho esfuerzo), respondiendo a todo de manera razonada.

También entiendo su desesperación. Las cosas no se están poniendo bien para nadie. Ella está embarazada y comenzando con un nuevo negocio. Seguro que no está siendo fácil. Pero la mejor manera de darse a conocer y buscar alumnos desde luego que no es con esta agresividad descontrolada y malos modos. Así que mejor nos vamos acostumbrando toditos todos a los malos tiempos que están por venir, que ya se sabe, a mal tiempo, buena cara.

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