Lo siento, lo he intentado durante un mes, pero ha sido imposible. Reconozco que las ventajas para el aprovechamiento del día del horario de comidas francés-europeo son indudables y mucho mejores que las del español, pero a mi sistema digestivo le sienta peor que una patada en el estómago y el intestino juntos.

Así que me rindo, señores. Me abandono y regreso al horario hispano, porque por algo será que mi cuerpo no lo acepta. Ya lo intenté seguir cuando vivía en Eslovenia, y terminó convirtiéndose en un infierno. Mi organismo, a pesar de todo y de mis resistencias al patriotismo, enarbola como el mayor hincha futbolero, una gran bandera de EHPAÑÑA!!

Cuando como a las 12 me quedo rara el resto del día, por no hablar de los problemas digestivos. No puedo hacer solo tres comidas. A las 18 de la tarde me comería un buey pero si lo hiciera así, a las 22 me zamparía un rebaño de cabras entero, con lo cual, si tengo que hacer cuatro comidas fuertes, las cuentas no me cuadran. Por  tanto, abandono la comida o dejeuner de las 12, y la sustituyo por un amigable yogur y una súpersimpática manzana o familia para que los días que tengo colegio no digan que soy una antisociable que no va al comedor…

A las 14, 15, o 16 horas (dependerá de mi horario de trabajo) haré mi dejeuner, como mandan los cánones ibéricos. Ayer ya lo hice. Me senté solita en el comedor con mi tuper de arroz basmati blanco, ante la atónita mirada de la americana cuando le dije que me iba a comer (MAINTENANT?????? -preguntó asombrada).

Entonces, a las 19, haré mi meriendita de toda la vida. Y finalmente entre las 21 y las 22 horas, cenaré. Eso los días que no me de por hacer el horario de cenas de la casa familiar en Canarias (¡¡¡hemos llegado a cenar alguna vez a las once y media de la noche!!).

Cuando explicaba esto ayer en el comedor de profesores, alguien sugirió que quizá tendría que adaptarme… Pero me pregunto yo, ¿por qué coj**** tengo que hacer el mismo horario de comidas que todo el mundo? Quiero decir, en España, cada uno come y cena a la hora que le sale del churumbel y nadie dice nada! Los abuelos comen a la 13. La gente normal come a las 14h. En mi casa comemos a las 15h, y en casa de mi tia Suni (Hola Pablo, hola Ana! Disculpad la referencia!) se come a las 16h  e incluso he llegado a comer a las 17h algún fin de semana en mi casa de Canarias (para regocijo de los estómagos de Ana y míos, que ha visto saciado su apetito a base de aceitunas negras).  Así que, perdonen, pero no tienen ustedes derecho a mirarme raro porque coma más tarde.

Por supuesto, y siempre con la finalidad de mejorar mis problemas digestivos, añado, que quedan suprimidas las comidas en el comedor del colegio, perdón, la cantina del terror. Cuando una de las profesoras me dijo que para ser una cantina del colegio se comía  bastante bien, no me podía imaginar que algún día degustaría esos maravillosos platos de lentejas sobresaturadas de sal y duras como una piedra acompañadas – en el mismo plato, pegando una patada a todas las normas de presentación de las comidas- de nuggets de pollo. Ni esa lasaña de vayaustedasaberquécarne. Ni eso que llaman ensalada y lleva dos hojas de escarola (verídico) y 20 gr de picatostes raros. Ni el salmón con ¿salsa de bechamel?. Ect, ect…

¡Basta ya de la cantina del terror! La dos comidas que me quedan, por un valor de cuatro euros en total, (no cada una, no. En total. Es decir, la suma de cada menu asciende a 2 euros, sí, vale, ya se que no se pueden pedir peras al olmo, pero sí un poco de respeto hacia los comensales, que un plato de lentejas con nuggets es un insulto a los cinco sentidos), decía, los dos comidas que me quedan en mi tarjeta de profesora, barajo regalarlas a la beneficencia, a algún profesor, alguno al que vea tras una concienzuda observación que disfruta con los menús, o que se yo. O quizá, me haré a la idea de que por dos euros me dan  el quesito y la manzana, lo único aprovechable, ya que ni siquiera el yogur es potable… Qué asco, por favor. Qué barbaridad.

Por supesto, dad por descontado que cocinan con mantequilla… Mi barriga incipiente da fe de ello. Sospechoso..

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