Este sábado, estaba yo en mi cuarto con la música a todo trapo, y de repente sonó la puerta. Hay que decir que antes me cortaba mucho con la música para no molestar a  mi vecino. Pero desde que él me despertó un jueves a las 2 de la mañana dándose una duchita con una amiga, de una manera bastante escandalosa, ya no me corto una mierda. Es más, que se atreva a venir a decirme algo. Que entonces, con dos narices le voy a soltar eso de Hoy por tí, mañana por mí.

El caso, es que llamaron a la puerta, y no, no era él… Era mi vecina búlgara, una de los ocho o nueve conocidos que tengo en la residencia. Mi vecina búlgara es muy graciosa, tiene 19 años, es decir, la saco ocho años, pero no estamos para ponernos exigentes con las edades, ¿verdad? De todos modos, huelga decir que los diecinueve años de Bulgaria distan bastante de los diecinueve años españoles cuando hablamos de carácter y madurez. La chica habla a la perfección francés, bueno eso sí, con ese acento como tristón y llorón que tienen los bulgaros, el caso es que lo habla a la perfección, no como yo, que lo hablo como quiero, y es porque estudió en el Liceo francés de Sofía, de lo que deduzco que es un poquitín pudiente.

Venía a presentarme a una amiga suya, también búlgara, que había venido a visitarla, desde otra ciudad universitaria de Francia. Y me venía a invitar a ir con ellas y con la pareja brasileña (otros conocidos, suuuper simpáticos) a cenar al Tapas Bar (sí, español). Me quedé un poco traspuesta, ya que no estoy acostumbrada a que me llamen a la puerta para invitarme a un evento social. Pero claro, acepté.

Y así fue como me encontré, el sábado noche, en un restaurante español, con tres búlgaras (se unió otra amiga más, hahaha) y dos brasileños, cenando unos pimientos asados con aceite de olivda y una tortilla de patatas un poco rara, y de postre chocolate español.  Después fuimos a un bar donde la música era infame, y un chaval totalmente borracho obsequió a toda la concurrencia con un striptease integral. Cuando el bar cerró (a la una, no os vayáis a pensar), nos fuimos al apartamento de los brasileños (a 5 metros del mío, jaja) y estuvimos allí un rato más charlando y el brasileño hizo unos sandwiches riquísimos con una crema con salchichas, pimiento y cebolla. ¡¡Estaban buenísimos!!

Por cierto, quiero añadir que estas búlgaras arrasan… Cuando salíamos, el camarero que nos había atendido, le pasó de estranjis su teléfono en un papelito a la tercera búlgara, jajja… Yo me parto con estos franceses… jajajaja…

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