Queda menos de un día para mi cumpleaños y todavía no sé cómo lo voy a celebrar, con quién, ni nada. Voy a sonar un poco creídita, pero es que no hay absolutamente nadie con quién diga, me apetece celebrar mi cumpleaños.

Quizá con V, pero ella no vive en Avignon, así que no cuenta. No sé si me estoy volviendo una antisociable, o demasiado exigente con la gente, pero sinceramente, tampoco pido tanto.  Me conformo con que su objetivo no sea simplemente invitarme a subir a su casa o que no  pasen dos semanas sin dar señales de vida social…

El día de mi cumpleaños pinta trabajando hasta las cinco, y después quizá vaya al gimnasio. Y quizá después me invite a tomar un te con un trozo de tarta en un sitio supermono que hay al lado de mi casa. Para estar con gente que me la reflonflinfla en un día importante, prefiero estar sola. He dicho. De verdad que este no es un post autocompadeciente para dar pena  y que me consoléis. Estoy siendo muy sincera, prefiero estar sola a mal acompañada. Es mi día y quiero celebrarlo como a mí me da la gana.

Como regalo, espero una buena noticia desde Canarias. Mañana terminan de exponerse las programaciones, y en unos días saldrán las notas de los exámenes de la oposición. Mi destino podría dar un vuelco. Sería el mejor regalo de mi vida sin lugar a dudas.

Pensándolo bien. Qué mejor manera que celebrar de una forma diferente un año tan extraño e importante en mi vida, con tantos cambios inmensos como he dejado atrás. Así que me reafirmo en mi reflexión. No lo voy a malgastar con cualquiera.

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