Mañana empiezan oficialmente mis vacaciones de Navidad. Mañana me voy a Barcelona, y luego a Canarias. (Quedan avisados los amigos y familiares barceloneses  habitantes de la ciudad). Para despedirnos, esta noche hemos ido a cenar al restaurante bio-cooperativo (así, con todas las palabras, que si no, queda incompleto), de nuestra calle. ¿Qué quienes?  Petya, el Jeffrey el americanocheco, y servidora.

Por 5 euros y medio me dieron una sopa con garbanzos y no se qué más que estaba buenísima,  un “platao” de ensalada, y una mega tostada de pan integral con cinco trozos contundentes de queso camembert y brie. Ah, y un vaso de zumo de albaricoque.

La mecánica del restaurante es que tu entras, te pones a la cola. Pides tu menú, lo pagas, y das tu nombre. Al cabo de un rato, gritan tu nombre, y vas a coger tu cena.   Huelga decir que hubo carcajadasrisasmil con mi nombre. Para empezar, que si era mi apellido. Qué cual era mi nombre. Luego fueron muy simpáticos y me preguntaron que de donde venía.

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