Por primera vez en unos cuantos años he entrado a un MCDonalds, el de enfrente de la estación de Montpellier, por la simple y llana razón de que hay internet wifi gratis. Así que por el módico precio de un café au lait bastante barato, aquí estoy escribiendo este textito y leyendo los periódicos, así como enterándome de los últimos chismes vía Natalia, mientras espero mi tren a Avignon.

Lástima que la batería de mi ordenador sea una llorona y no aguante nada. Malditas baterías, ¿quién dijo que estos ordenadores eran portátiles?

Pd. Frente  a mí tengo sentado a la quintaesencia del  francesismo: Pura elegancia, machacada por unos bonitos zapatos con calcetines blancos… Oh la lá… Bienvenida a Francia…

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