Anoche  el americanocheco me propuso ir a cenar otra vez a la cooperativa bio. Le dije que estaba sola y que las búlgaras no habían vuelto aún (por si acaso pensaba que iba a ir con su pelirroja favorita). El hizouna broma, algo así como, vale entonces no vamos. Yo no contesté. Por un momento parecimos yo la americana, y él, el español. Como no dije nada, el dijo, es broma, Claro que vamos.

Al final no fue para tanto. Allí nos unimos con otros amigos del trabajo, del americanocheco:  otra estadounidense con una patata en la boca, un inglés que hablaba deprisa como si hubiera respirado nitrógeno, y un sudafricano que hablaba muy muy despacio como si estuviera muy muy fumado.  Tanto contraste me ponía la cabeza loca. A pesar de las dificultades para entenderles en inglés dado que tengo cambiado el chip al francés, más o menos me defendí. El sudafricano, muy simpático, me pidió clases de español porque va a viajar en verano por el norte de España y quiere aprender lo básico.

Después de cenar, jugamos al dominó. Porque había una caja de domino,  regalo de navidad de la americana al inglés.   Pero el inglés era un friqui y se  inventó una regla absurda para jugar: había que poner una ficha con números múltiples y divisibles por tres o cinco, pero antes había que sumar nosequé… No sé, yo me estaba volviendo loca, se me dan fatal las matemáticas, y entender instrucciones para un juego matemático en inglés, oh dios, eso supera mi cerebro con creces… Así que era el americanocheco quién cogía mis fichas y las ponía. Yo dije que era mi representante.

Un parisino se sentó con nosotros en nuestra mesa.

Por el camino patinamos sobre la nieve y saltamos para aplastarla.

Quedamos para terminar de ver la película. Hoy, creo.

Durante la cena, el americanocheco me preguntó cuando volvían las búlgaras. Galina (la del pelo zanahoria que le mola, yo creo), le respondí con una sonrisa pícara de medio lado , (porque sé que le mola!!), volverá sobre el 20 de enero.

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