La familia estadounidense de mi amigo americanocheco le envió, dado que iba a pasar aquí solo las fiestas (aunque tranquilos, que se dedicó a viajar por Europa, jaja), un paquete con algunos regalos de  Navidad, que él jamás recibió.  Porque  la llegada de su paquete a Francia coincidió con una huelga de correos. Todo derivó en un lío de papeles y avisos que iban y venían, etceterá. Total, que al final, su paquete está de vuelta en Estados Unidos.

A mí me dio tanta pena su carita de pollito desamparado cuando contaba esta historia, que el otro día, en la fnac,  le compré un pequeño detalle. Se trata de Brooklyn Follies de Paul Auster, en inglés, claro. Porque EL NO CONOCÍA A PAUL AUSTER y ¡¡¡¡¡No es  POSIBLE QUE SEA ESTADOUNIDENSE Y NO CONOZCA A PAUL AUSTER!!!! (y aquí los libros son bastante baratos, no es como en España que la novelita de marras no bajaría de los once euros)…

Pero después del fin de semana en Sète,  lleva  cuatro días en plan seto y super seco. Así que me estoy planteando si realmente va a apreciar el detalle o va a tomárselo como la declaración de amor que no es, ya que quién me conoce sabe que me gusta hacer regalitos de vez en cuando.

Además, me acaba de sentar fatal cuando estábamos hablando en el chat de gmail que le he dicho que me voy a descansar un rato porque me siento un poco enferma, y no me ha respondido absolutamente nada. Y de esto han transcurrido ya veinte minutos. Y no, no se le ha caído la conexión. Me siento más acompañada por mi amiga Mary Brown que está en el mesenger a 1000 kilómetros de aquí que por mi vecino de enfrente. Tremendo.

Así que no sé  si autoregalarme a mí misma el libro, que tampoco tuve reyes este año (en cuerpo presente). O mandárselo a Mary Brown. Lo que pasa es que creo que me dijo alguna vez que no iba muy bien en inglés…

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