Ayer me enamoré. Sí, me enamoré.

A las ocho y media de la mañana tomé un autobús, sola, para conocer una ciudad nueva. Mucho me habían hablado de ella, que si es muy pija, que si esto, que si lo otro.

Me bajé del autobús una hora más tarde, y caminé hacia el centro. Había mucha gente en la calle, y eso que era aún temprano. Nada hacía presagiar lo que me iba a encontrar más tarde. Entré en la oficina de turismo, y pedí un plano de la ciudad.

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Elegí una calle al azar a la izquierda, quería buscar un lugar para desayunar y leer toda la información que tenía. Organizar mi día. Al azar, leí una pizarra: Petit dejeuner 4,80 euros.

Qué caro, pensé.

Pero a continuación leí que incluía: Tostadas con mermelada y mantequilla, un bollo, bebida caliente y zumo de naranja natural.

Así que entré, porque ya no me parecía tan caro. Y me pegué el desayuno de los campeones mientras planificaba mi día.  Y ya había empezado a enamorarme, porque a mí se me conquista con el estómago. Y eso AIX EN PROVENCE lo supo bien desde el principio.

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Con el estómago, y con los colores. Y  AIX EN PROVENCE lo tenía todo.

Así que con el estómago lleno (¡me duró lleno hasta pasadas las cuatro de la tarde!), empecé a callejear, con orden pero con desorden.

En el mercadillo me compré tres películas por 5 euros. Les demoiselles de Rochefort, les parapluies de cherbourg, y Avida.

Había mercadillos por todas las plazas. Algunos eran de trastos, otros eran de flores, otros de comida…

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Vi muchos “Hôtels”, o palacios. Entré en la catedral. Visité las termas romanas.

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Luego tomé un autobús (era cuesta arriba y no sabía si demasiado lejos), y subí al atelier de Cezanne.

http://www.atelier-cezanne.com/

Estuve en la pequeña casita que Cezanne compró cuando se instaló definitivamente en  Aix en Provence.  Su taller estaba lleno de luz, de las cuatro paredes, dos tenían grandes ventanales (pero muy grandes). Entraba la luz de la tarde y la habitación estaba caliente. También paseé por el jardín, y me lo imaginé sentado en su caballete haciendo bocetos del Mont Saint Victoire. Porque la casa se la compró allí por las vistas que había de dicho monte. Hizo infinidad de versiones del mismo.

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Bajé caminando. Se me olvidaba decir que a la subida, el GILIPOLLAs del chófer del autobús me dio mal la indicación y me hizo bajarme dos paradas después de la que correspondía. Iba con la mierda de la música que estaba oyendo a todo trapo, normal que no se enterara de nada, el descerebrado.

Todavía me quedaba mucho rato hasta la hora del último autobús, así que me puse a ver tiendas. Pobre de mí que ahora sí que no tengo un duro, pero de buen grado me había comprado dos y tres y cuatro cosas. ¡Qué rebajas más buenas!! Así van todos de ideales y de guapos y guapas en Aix en Provence. Con esas rebajas, cualquiera.

Antes de irme, quería pasar un poco de refilón por el barrio de Mazarin que otro día vistaré con más calma, ya que tiene un museo magnífico que no pude ver. Iba buscando una librería,  pero encontré algo mejor: un pequeño salón de té. Sencillo, bonito, sin pretensiones… Lo regentaba una señora super simpática, con la que hablé un ratito. Me pedí un café noisette y una crêpe de chocolate, que desbancó del primer lugar de las mejores crêpes de mi vida a la que me tomé un día en Montpellier. El chocolate negro negro. La crêpe tierna, más que tierna, mullida, esponjosa…

Cuando la señora me puso el plato en la mesa, un hombre que leía un libro en la mesa contigua miró mi gran merienda con desconsuelo. Pero más tonto es él si sólo se pide un chocolate… Aunque a lo mejor hacía dieta.

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La señora me dijo que los miércoles por la mañana se reunía un grupo de gente española en el café y que viniera alguna vez. Con lo que me gustó Aix y con lo que me gustó la Crêpe…seguro que vuelvo, le respondí. :)

Aquí dejo las “coordenadas” por si a alguien se le ofrece…

Croquemitoufle- Salon de thé.

1, rue Joseph Cabassol, Aix en Provence

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