¡¡Como me gusta que mis amigos más queridos me visiten!! Este fin de semana han venido mis amados Michela y Tomás, los italo-gijoneses más simpáticos de toda Pamplona (¡¡¡por poco tiempo!!!)…  Lo hemos pasado genial y como siempre, mi karma tan “divertido” ha atraído diversos momentos absurdos, que ya relataré. Este fin de semana pasará a mi cajón de los recuerdos desde ya…

El viernes pasamos la mayor parte del día en el Parque Natural de la Camarga, la marisma en la desembocadura del río Ródano. Llegamos allí a eso de las doce. Antes, habíamos parado en un supermercado por el camino para arrasar con todos los tipos de pan habidos y por haber en Francia. Para hacernos los bocatas del mediodía.

En la oficina de turismo de Saintes Maries de le Mer (el pueblo “capital” de la Camarga), pedimos a la chica  información sobre posibles rutas para hacer a pie. Con no demasiada gana, sacó un mapa, que puso sobre la mesa, y una hoja amarilla con información variada para los senderistas.

Michela entonces preguntó con educación: ¿Qué ruta nos recomiendas para hacer en poco tiempo?

La señorita de la oficina de turismo,  respondió, con una frialdad que habría congelado la mismísima marisma que a nuestro lado se hallaba, contestó:

Tenéis toda la información en los folletos.

Ante nuestra absoluta perplejidad, volvió su  mirada a veteasaberqué,  y nos ignoró por completo.

-Ah.Gracias.

En fin, que decidimos lanzarnos a la aventura por nuestra cuenta y riesgo, y elegimos una rutilla paralela al mar. Pero antes, había que comer, claro. Así que lo siguiente era encontrar un lugar resguardado del viento MISTRAL. Tarea difícil, e imposible… Terminamos comiendo en un banco del paseo marítimo de Saintes Maries, luchando contra el vendaval. Con momentos cruciales, como cuando a Tomás se le voló el plato de ensalada, y una lluvia de aceite, maiz y vinagre cayó sobre su manga (ups… Tomás, lo he contado!!! jijij)…

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Después de este maravilloso picnic mistralense, comenzamos a andar. No fui exagerada al ponerme mi abrigo de colorines (sí, el que llevé a la nieve para hacer snowboard), ya que  las ráfagas de viento alcanzaban los 65 kilómetros por hora (lo habíamos visto en internet antes de salir de casa)… Pero a pesar del viento fue un paseo muy agradable, acompañados por flamencos rosas que sobrevolaban nuestras cabezas, y otros pájaros misteriosos que huían de nuestra presencia.

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Después del paseo, dimos una pequeña vuelta por otro pueblo de La Camarga: Aigües Mortes. Pequeño pero muy recomendable, con sus callecitas empedradas y la luz del atardecer que te invitaba a sentarse en las terracitas a decir: Esto es vida… Lo que pasa es que eso ya lo habíamos hecho en una terracita de Saintes Maries…y no se puede tener todo… Tampoco las suculentas tartas con fresones de temporada que se ofrecían en los escaparates de los salones de té…

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A las seis y pico de la tarde estábamos llegando a Montpellier. Aparcamos en la zona de Antigone. Michi y yo fuimos corriendo a pagar el parquímetro. Leímos los precios: Cuatro euros por dos horas… Bueno, ponemos esto ¿no? Sí,claro. Venga yo  pongo dos euros y tú otros dos.

Las dos a la vez pensamos, pero no dijimos nada: qué raro, el reloj del parquímetro marca las 11 horas. Pero como unas mongolas apretamos el botoncito verte que emite el ticket y no hay vuelta atrás

Dos milésimas de segundos después, nuestros ojos, también casi a la vez, leyeron los horarios del parquímetro: aparcamiento de pago hasta las seis de la tarde… ¡¡¡Y eran las seis y media!!!!!! Nos empezamos a reir con lo absurdo de la situación, y como pudimos, le explicamos a un extrañado Tomás que teníamos plaza de aparcamiento hasta las once horas del día siguiente.

Así que decidimos recuperar nuestro dinero invertido ya de por vida en el ayuntamiento de Montpellier, colándonos en  el tranvía, costumbre que he tomado ya desde hace tiempo como mía.  Y es que para un español una puerta abierta en la parte de atrás de un medio de transporte está diciendo a voces: ¡¡¡entra y no pagues, entra y no pagues!!!

Pero aún quedaba lo mejor por llegar… Michi quería merendar una crêpe. Llevé a mis invitados a la única crepería que conozco en Montpellier. Un restaurante de dueño bretón donde hacen unas crepes estupendas, y que descubrí en la visita de los barceloneses.

Cuando el camarero llegó y nos dio la buena noticia, casi no nos lo podíamos creer. Había Happy Hour hasta las 20h y todo lo que pidiéramos ahora, nos saldría a mitad de precio!!! Esto hizo despertar el Monstruo de las galletas que los tres llevábamos en nuestro interior. Tomás sugirió cenar ya, aprovechando las rebajas, y ponernos las botas a crêpes y a sidra bretona. Yo, entusiasmada con la idea, apoyé la moción, y Michi, en primer momento reticente porque aún no eran ni las siete de la tarde, finalmente aceptó cuando Tomás le planteó que  podíamos hacernos a la idea de que estábamos cenando a horario francés, que no era tan raro.

Así que nos líamos la manta a la cabeza y pedimos una crêpe salada y una dulce para cada uno, una botella de sidra dulce, y al final caería también un té con limón, para bajar tanta comida.

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Momentos sublimes de la noche:

– 1#Crêpe banana au chocolate/banana ou chocolate

Ese momento inmortalizado en video (para uso doméstico, lo siento), en el que Michi, se muestra ilusionada a la espera de su crêpe de postre: banana con chocolate. Yo le planteo la siguiente cuestión: Michi, no es lo mismo banana au chocolate que banana ou chocolate, ¿te acuerdas que decía la carta? Michi cambia su semblante y se queda pensando,  no me acuerdo, dice… y se queda hecha polvo. Ella quería su crêpe con los dos ingredientes. (Al final era banana con chocolate, igual que el mío era chocolate con almendras). Su cara es todo un poema. El video queda en mis favoritos para visionar en momentos de bajón, junto a aquel ya mítico de “Bienvenue en Marseiiiiiiiiiiille”.

2# El camarero es bastante guapo y además, tiene buen culito

Parece que no aprendemos que el español es una lengua que no es como el suajili o el ruso. No. El español se estudia, y además bastante. Pero como digo, no aprendo. Así que estando el camarero a unos escasos tres metros de nosotras, atendiendo a otra mesa, hago el siguiente  comentario a Michi: Pues el camarero es bastante guapo, así un poco gordito,ñiñiñiñi, y además, tiene buen culito. En ese momento, el camarero se gira hacia nosotras y nos mira durante dos décimas de segundo. Nos quedamos paralizadas, y decimos: Meca, ¿tú crees que sabe español?

Dicho y hecho. Cuando el camarero termina con aquella mesa y pasa por la nuestra, le paramos, y le decimos en francés: L’addition, svp! El, muy sonriente, se para, y dice con sonrisa pilluela, y perfecto español: Claro, la cuenta!

Intentamos aguantar la risa hasta que se fue, pero mi color de cara rojo-amarillo-verde-violeta-rojo  fue un fenómeno imposible de evitar…

-3# Intentando cruzar la calle del Arco de Triunfo

Tomás estaba a la entrada del parque preparando su trípode para hacer una foto nocturna delante del Arco de Triunfo de Montpellier, pero Michela y yo nos habíamos quedado regazadas. En nuestro intento de cruzar una calle con un tráfico increible para ser las nueve de la noche (y ser Francia), en un supuesto paso de peatones nada visible, y prácticamente a oscuras porque casi no había farolas, nos lanzamos a lo kamikaze,  y atravesamos la vía. Mi abrigo Roxy, tan chillón como colorido, fue my práctico, ya que con tanto color flúor,  es reflectante. Así que bastó con agitar el brazo como una loca recién salida del manicomio para que el otro psicópata conductor que se acercaba a una velocidad nada adecuada para una vía urbana, nos viera y frenara. Franceses al volante, peligro constante.

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Mañana, segundo capítulo de la visita de Michi y Tomas. De cómo conseguir que  el maletero del coche  se abra en plena carretera rural , y en marcha, por supuesto.

Mientras tanto, un beso para mi últimos visitantes, ¡¡¡os echo de menos!!!!  Gracias por todo, sobre todo por vuestra compañía y risas, ha sido un fin de semana genial. No os digo que volváis porque ya no nos quedan fines de semana, pero no os marchéis nunca de mi vida :)

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