No he comentado que tengo una nueva misión. Me queda un mes y estaré contenta de hacer nuevos amigos y también de  darme cabezazos de rabia porque cuando estoy a punto de irme es cuando encuentro la gente con la que más a gusto me encuentro.

Pero mi misión es otra. Ahora tengo que ayudar a estas nuevas personas que entran en mi vida y que no conocen a nadie en Avignon, a encontrar su sitio y encontrar amigos más rápida y fácilmente que yo.

Así que ayer cité a la palmera y a Melanie la toulousana para ir a cenar. También vino el chico marroquí, amigo de Melanie, que ahora ya se que se llama Ayoub :D  Nos fuimos a cenar al bistrot del cine Utopia y estuvimos casi tres horas hablando y riéndonos, y se cayeron todos muy bien entre ellos, así que creo que me puedo morir tranquila.

Bueno, todavía no. Aún sigo siendo el enlace. Podré morir tranquila cuando Palmera y Toulousana se comuniquen entre ellas con sus móviles e emails, sin tenerme a mí como intermediaria.

Otra cosa que no se si hacer, es presentarles a las búlgaras y al americano.

Las búlgaras no son más que unas niñas pijas multimillonarias, más sosas que una abuela, egocéntricas como ellas solas, todo el día haciéndose fotos con morritos y en fin… demás chuminadas que algunas hacen cuando tienen 20 años  ( y treinta, también. Vamos, que no va con la edad. Es que son así y punto.) . Después del viaje a París, me cargaron del todo.

El americano se está portando como un mongolo y hace ya varias semanas que paso de él. Con su amiguito Adrien (el cual le presenté yo, por cierto) ¿Os acordáis de él? , se han ido a esquiar y a hacer snowboard una semana, a los Alpes, sin ni siquiera invitarme a mí, sabiendo que yo tenía ganas de aprender. Además, el americanoa ha salido varios sábados sin avisarme, y anoche, estrenaba apartamento nuevo en la misma residencia, e hizo una fiesta para inaugurarlo. Yo me lo encontré el jueves por la tarde y no me dijo nada de la fiesta.

En cambio, ayer a las 22:30 me envió un sms para decirme que si quería pasar por su casa a tomar algo. Se debía pensar que yo estaba en mi apartamento, sin nada qué hacer, mirando al techo o algo así. Ni me molesté en contestarle, a este mongólico de mierda, porque estaba cenando tan feliz en el café Utopia y no iba a perder ni un minuto de energía en enviarle un sms de respuesta. Y cuando entrábamos la Toulousana y yo a la residencia a eso de las 23, nos encontramos con toda la gente que salía de la fiesta… Es decir, que me había invitado media hora antes de terminar el mogollón… ¿Se puede ser más imbécil y maleducado?

Pero a pesar de todo, me encantó encontrármelo en ese momento. Le dije, “ay perdona por no contestarte al sms pero estaba cenando y no iba a poder ir de todos modos”. GILIPOLLAS (añadí en mi pensamiento).

Estaba por allí revoloteando, ese gusano asqueroso que es Adrien, el francés más gilipollas que he conocido en mi vida (y son tantos…), y quiza una de las personas a las que más asco he tenido jamás, por lo falso, interesado, y narcisista que es. Claro, se presentó el solito a Melanie, no me dejó ni tiempo para presentarsela yo. PAYASO.

Y cuando Jeffrery nos preguntó si ibamos con ellos al Delirium (ni jarta de vino me voy con vosotros), y le contestamos que íbamos a ir mañana, ya tuvo que poner la puntilla esa oruga apestosa de Adrien, diciendo: Mañana es mañana, y hoy es hoy y estaremos nosotros. El americano como un eunuco  pelota le rió la gracia, y yo miré a Adrien muy seria y  sin hacer ni un solo gesto, haciendo mía esa máxima de no hay mejor desprecio que  no hacer aprecio, y le dije simple y tajantemente: No.

No había nada más de lo que hablar, me estaba cabreando y Melanie me miraba con gesto desconcertado, y yo sólo me quería ir a la cama, así que di por terminada la conversación, y nos despedimos, ellos de fiesta,  y nosotras, a dormir.

Y hoy, reflexionando un poco sobre todo esto, pienso, qué mala suerte he tenido. He estado perdiendo el tiempo durante cinco meses, juntándome con gente que no me ha aportado nada de nada a nivel personal, con la que me he aburrido el 80% del tiempo, y si no me he aburrido (porque con el americano tampoco es que me aburriera), me han pegado las puñaladas traperas a saco. Y ahora, cuando queda un mes para que todo se acabe, de repente, doña Exigente Social (o sea, yo), encuentra gente con la que por fin se encuentra bien, se encuentra cómoda, puede hablar de cosas interesantes, reirse, hacer planes interesantes, ect…

Una mierda todo. Si os lo dije yo, que seis meses no dan para nada.

Menos mal que casi todos mis mejores amigos españoles (e italianos, jaja), han venido a visitarme, a acompañarme en  mis viajes para conocer el país y a ayudarme a dejar algunos buenos momentos para el recuerdo de mi estancia en Francia.

Tengo ganas de volver a España.

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