Ale, ya se me ha pasado. Nada como dos horas de clase de catalán (los idiomas me relajan, en el fondo), y una cena con los “nuevos amigos” de esos que aparecen en el último mes, así que tienes que disfrutarlos de manera más intensa.

Ayoub nos preparó, de primero una ensalada con melón (un tipo de  melón de color naranja que no había visto en mi vida) y mozzarella, y de segundo salmón al horno con tomatitos cherry y champiñones. Estábamos Melanie la toulousana, la palmera y yo. Y ya puedo morir tranquila porque todos se dieron los números de teléfono, así que ya he conseguido mi misión,y ahora sólo me queda presentar la palmera a los pucelanos, pero eso viene mañana.

Y si anoche tuve cena en casa de Ayoub, el lunes tuve cenita en casa de los pucelanos, ya que el pucelano, además de licenciado en filosofía, cocina como los ángeles, porque es cocinero profesional… y preparó un bacalao en salsa purrusalda (es decir, la purrusalda hecha salsa, o algo así, pero no entiendo mucho de cocina vasca) con tiras de jamón churruscadas y pasas… MADRE MÍA! Para chuparse los dedos. Lástima que antes de terminar la comida me puse malísima del estómago (me pasa  a veces, es normal y estoy acostumbrada), y aunque, como soy una bruta, me acabé el plato, no lo disfruté igual .

Sí, ya se que yo había dicho que estaba a dieta. Pero os recuerdo que el problema son los crêpes…!! Nada de lo que he comido estos días en estas cenitas de amigos es perjudicial para mi línea.

Bueno, y mañana cuento la última (qué cara más dura tiene) del americano, que es tremenda.

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