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La última cena en Avignon, con dos de las personas más importantes que encontré allí

El viaje de vuelta Avignon-Barcelona resultó ser lo más parecido a un viaje con destino al infierno. En un autobús sin sitio para estirar las piernas, que apestaba a gente durmiendo…

Pero antes de eso, pasó lo increible… Las búlgaras se plantaron allí para despedirse, por sorpresa!!!! O quizá debiera decir, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡a traición!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Yo esperaba con mis amigas Farina y Veronique, que me habían acompañado las últimas horas (cenita en las tartines caras y demás),  la llegada del autobús que me sacaría de Avignon. El americano ya estaba allí también. Con las dos amigas con las que se iba a Barcelona.

Entonces, las vi. Caminando como dos pavos reales, con Galina,la pelirroja ordinaria, en cabeza, a buen paso, y la otra, casi persiguiéndola.

Se acercaron ufanas, saludaron a Jeffrey (era por él que sabían a qué hora salía el autobús). Galina se acercó a mí, y con esa sonrisa de tía rara, no se si falsa, demasiado inocente o qué coño, me dijo: Ah, así que al final ¿te ibas sin despedirte no?

Esto fue lo justo para que mi paciencia se agotara. Parece que soy la única persona en la tierra que decide pasar de un grupo de gente porque no se amoldan a sus gustos sociales y para pagar por ello, es perseguida hasta redimir su pecado.

Como digo, esto hizo que mi paciencia se agotara.

Como pude, en francés, le dije a mi querida Galina algo así como que he intentando, con modos a mí parecer, muy políticamente correctos, que entendáis que prefería ir a mi aire. No lo habéis entendido. Entonces tendré que pasar a los modos políticamente incorrectos. Así que ya así, a saco, te digo, que me aburría con vosotras y que realmente no teníamos absolutamente nada en común, y si todavía no te has dado cuenta de esto, es porque no te has esforzado un ápice en conocerme de verdad. Lo cual, quiere decir, que, tenemos diferentes conceptos de la amistad. ¿Has entendido ya el porqué de todo?

Galina sonríe, se queda así como congelada, y dice: Ah… Pues bueno, buena suerte en todo, y ya nos veremos en alguna excursión.

Yo: ¿En alguna excursión???????? Cara de ¿qué dices, tía?

Entonces llegó Petya, se acercó, con esa cara de que no ha matado una mosca pero las mata callando, y se acercó a despedir. Ya harta de las dos, la di dos besos y bueno, prácticamente la volví la cara y seguí hablando con Farina y Veronique.

Se que no está bien, pero toda esta situación, me tenía muy muy desgastada, y por mi forma de ser, no puedo ser una falsa que sonríe y dice chorradas para quedar bien. Tampoco me apetecía malgastar mis dos últimos meses en Avignon con esta panda de insípidas. Así que decidí ignorarlas un poco, pero ellas parece que no lo quisieron entender, o su cultura balcánica o que se yo no se lo permitió entender. En definitiva, todo esto me pasa por no hacer caso a mi intuición cuando aquel día que me presenté a Petya en la puerta de la resi, algo me dijo que no que no que no, pero yo no le hice caso, porque no hacía más que repetirme a mí misma, tienes que esforzarte y hacer amigos, tienes que esforzarte y hacer amigos…

A partir de ahora, prometo hacer caso a mi sexto sentido.  Prometido.

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