Por fin encuentro un momento para sentarme a hacer un pequeño balance de lo que fueron estos seis meses en Francia… Empecemos pues por analizar qué pasó con mi vida social… A lo mejor esta entrada resulta un coñazo, pero tengo que hacerlo, que es como una purga de cosa mala de mi interior.

Unas cuantas malas experiencias (búlgaras, americano, americanas asistentes de inglés, ect…) no pueden hacer frente a unas pocas super buenas experiencias entre las que quedan:

-Farina: la canaria palmera-alemana que llegó a Avignon un mes y medio antes de irme. Sólo tengo palabras buenas para ella. El último mes fue otra cosa gracias a ella. Tampoco es que tuvieramos la rehostia de cosas en común, pero era buena persona y fue suficiente para que conectaramos.

– Los asistentes españoles (los pocos que conocí):

P, La gaditana era un solete pero apenas coincidimos porque vivía en otro pueblo y luego por razones amorosas se pasaba el día en Marsella. Fue un puntazo que me comprase  mi bici el último día de estar yo en Avignon.

Incluimos también aqui a Sagra y su novio. Ella era asistente, y él había venido a acompañarla. Destaquemos el hecho de que ellos eran de Valladolid y como ustedes saben, yo viví allí cinco años. Pues resulta que teníamos una amiga en común. Manda huevos. Aunque éramos como el día y la noche de parecidos, compartíamos una misma visión entre revolucionaria-políticamente incorrecta-literario-artística-musical en común que hizo que me encantara pasar con ellos bastantes ratos. Vivíamos separados por apenas quinientos metros,éramos vecinos, vaya, en aquel barrio entre bohemio-marginal-extraño en el que vivíamos.Además, me trataban casi como a su hija, y cuidaron de mi prima Ana, incluyendo alimentarla, la primera mañana que ella estuvo sola en Avignon, nada más llegar ella a Francia. El chico era cocinero y tuve la gran suerte de ser invitada más o menos cada quince días a cenar a su casa, con la algarabía y gozo que esto suponía para mi estómago. A cambio, yo les dejaban que usasen mi ordenador con internet siempre que lo necesitaban. Se preocupaban mucho por mí cuando me ponía enferma, y me da mucha pena no saber cuándo les volveré a ver. Les cogí montón de cariño.

Me demostraron que la generosidad tiene de nombre Sagra y Eze. Una gente buena, buena.

-Virginie: Mi angelito francés, como yo la llamaba. Era una de las profes de español con las que trabajaba en el college. Me invitó dos veces a su casa en Nîmes, donde su familia me agasajó con sendas cenas representativas de la gastronomía francesa, la primera vez tapenades y crema de bacalao, y la segunda, una raclette en toda regla. Su familia era supersimpática, aunque la primera vez que me quedé allí a dormir, casi sucumbo ante las tres horas de tertulia literaria en francés, cuando no hacía ni un mes que había aterrizado y mi dominio del idioma era bastante precario.  Bajo su apariencia frágil y de muñeca de porcelana, Virginie era la leche,  una chica con mucho mucho coraje.

-Veronique: La otra  profe de español con la que trabajaba en el cole. Una tía clavadita a Candela Peña, oiga. Era de Montpellier pero entresemana se quedaba en Avignon, y me llamaba  a menudo, íbamos a cenar, al cine Utopía… Junto con Farina, se quedó a esperar conmigo el autobús para Barcelona… Hasta las doce de la noche estuvieron conmigo… Espero que me venga a visitar pronto a dónde sea -que yo esté-

Además, me presentó a su amigo Fred. ¡Qué tio simpático! (Y era francés!)  Bueno, en realidad, no me lo presentó, porque la primera vez que quedé con él, Veronique no pudo venir, y estuvimos los dos solos, y viví una situación surrealista con él, pero sería demasiado largo de explicar. Ahí lo dejo. Cada vez que nos veíamos (el resto de veces ya siempre con Veronique), chapurreábamos una mezcla de inglés, francés, español, y en las últimas ocasiones, como lo habían mandado a Brasil por el trabajo, en portugúes!¡  Super majo! Estaba como una cabra.

Aurelie: Mi primera alumna de español, que luego le pasé a Sagra porque yo no daba abasto con las clases particulares. Una tía super super maja, loca como una cabra, trabajaba en el sector del vino, tenía una oscura historia de amor con un fisioterapeuta español también residente en Avignon, y la pena de esta chica es que empecé a quedar con ella cuando ya quedaba sólo un mes para irme. Pero una francesa muy sociable, y abierta, muy buena gente.

-Aurore: Una chica de Toulouse que me escribió por un anuncio que puse para hacer intercambio de español-francés. Yo creo que en realidad se aburría en ese país tan aburrido, porque cuando quedábamos al final sólo hablábamos en francés, y juro que no era porque yo insistiera en esto! Había venido a Avignon con su novio por el trabajo de él y no tenía amigas. La pongo aquí porque era buena chica, pero al final me llamaba de pascuas a ramos y en los últimos tres meses la perdí la pista, creo que estaba agobiada preparando el concurso de entrada a la escuela de veterinarios. Pero era maja.  Lo único en contra, eso, despedirse a la francesa…

Algunas decepciones más además de las ya conocidas:

-M  la toulousana, y su  amigo A el marroquí. Ella, pues lo de siempre, te llamo, no te llamo, te digo que sí, luego que no, te digo de quedar a una hora que se que te viene fatal y me la sopla por tiempos…Por no decir de los comentarios super racistas de A, que era marroquí pero no de los que llevan ya mucho en Francia, sino que había venido desde Marruecos para estudiar en Francia, no tenía familia en el país. Ante la pregunta de Farina de: ¿Conoces a otros marroquíes aquí en Avignon? El responde: no. Farina insiste: ¿Por? A: porque son pobres.

Su máxima en esta vida era tener un chalet con jardín, pantalla plana, piscina, mujer y niños. A Farina y a mí nos ponía la cabeza como un bombo porque cuando íbamos  a visitar algún parque o cosa en Avignon, no paraba de decir cosas como : C’est magnifique, c’est sublime, c’est... Vamos, que era un rimbombante el niño…

La pareja español-italiana que conocí en clase de francés: Eran raros, raros… El era mallorquín, pero parecía gallego,¡ respondía a todo con preguntas! Y eso cuando te respondía… Joder. El a mí me preguntaba todos los días lo mismo sobre mi vida, y luego parecía que hacía formateo de su cabeza, porque nunca se acordaba de nada. Era como si siempre fuera la primera vez que le explicaba las cosas. Su novia italiana hacía meditación. Cosa que me parece estupenda, pero se tenían un secretismo al respecto… como si se avergonzaran…

-El poeta: Sí, el poeta, sí. O ¿Ya os pensábais que no iba a hablar más de él? Aquí el chaval se lució.  Como allá por enero le dejé bien clarito que se olvidara de mí si no era para otra cosa que ser amigos. Intentó hacerme creer que lo había entendido, pero infeliz… No sabe nada del sexto sentido y la intuición femeninas… Después de varios cafés aburrídisimos, me envía, un domingo a las 22 de la noche un sms para preguntarme si podía pasar por mi casa “pour faire un petit coucou” (frase que pasará al archivo de las frases célebres de Avignon). Lo emplacé a tomar un café en una terraza a plena luz del día, y le dije que si creía que yo me chupaba el dedo. Ese café en esa terraza, dos meses antes de irme (el  más aburrido de todos), fue la última vez que le vi. Después de eso, intentó quedar para despedirse, en plan “buen rollo” pero la cagó cuando en el intercambio de sms para quedar, me envía uno que me dice algo así como me gustaría dormir contigo antes de que te vayas. LA CAGASTE. Fin de la conversación vía sms y hasta luego si te he visto no me acuerdo. Así quedó zanjada la historia. ¡Este no sabe lo que vale un peine!  Así le quedó buen recuerdo de las españolas y quizá al menos no vuelva a “joder” a otra compatriota hispánica (infeliz que soy…)

-Michel: El francés que conocí en Lyon y que me enseñó a esquiar, claramente quería cacho (reconocido por él mismo) y como no lo hubo, adoptó una actitud cansina cansina, que me produjo ganas de darle la vuelta a la cara de una bofetada el día que Farina y yo fuimos de excursión a Marseille porque él estaba allí visitando una amiga. Aparte de que olía mal, era pesado como el solo, y no hacía más que preguntarse, por qué, si era guapo y atractivo, no se comía un colín…Quizá… ¿Hay que lavar la ropa?  Quizá… ¿Eres un jodido plasta?

No puedo con los hombres, de verdad. Y si son franceses peor aún.

-El tomate: ¿alguien se acuerda ya de él? Después de portarse como un energúmeno, me lo encontré en el Delirium cuando Ana estaba de visita en Avignon. No se dignó a saludarme (ni yo tampoco, que yo soy muy digna, hombre!) , pero en cambio, fue desaparecer él del bar, y me empezó a hacer perdidas en el móvil… ¿Ustedes entienden algo? Yo tampoco. Pues, pasemos al siguiente.

… Pero creo que ya no me dejo a nadie más. Conclusiones que saco de todo esto:

-Hacer caso más a menudo a mi intuición cuando me dice, con esta gente no te juntes. Siempre me ha funcionado y esta vez no iba a ser menos (ejemplo práctico: la historia con las búlgaras).

-Hacer caso a mi intuición cuando me dice que alguien parece buena gente aunque veas que es radicalmente opuesta a tí. Ejemplo práctico: Farina.

-Después de tres años encerrada social y espacialmente por mi ex, esta experiencia ha sido vital para volver a nacer a las relaciones. Podemos decir que vuelvo a ser yo, aunque todavía me cuesta. En cualquier caso, aunque mi apariencia sea de persona abierta, en el fondo muestro de mi forma de ser muy poco muy poco…  Eso siempre ha sido así, no voy a culpar a nadie.

Vuelvo contenta porque he conocido a mucha gente, de todos he aprendido algo, hasta de los del apartado “gente chunga que borraría con tipex de mi mente”. Y como siempre, la gente que vale la pena, poca, pero con su peso en oro.

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