Leído en Spaniards a propósito de las lenguas en España.. (Estuve riéndome cinco minutos)

Yo estuve una vez en Cádiz y el taxista me decía dssisei dssisei…y yo ¿qué? ¿cuánto? y resulta que eran 16 euros. En el restaurante, por la calle, al preguntar a la policía, todos hablaban en un idioma muy raro y yo no me enteraba de nada. Y en Catalunña puede que cambien a castellano cuando no los entiendes pero por el sur no: todos se empeñan en hablar en eso que no se entienede ni papa. Menos mal que las cartas de los restaurantes y las señales estaban en ESPAÑOL (XD) porque si no no me aclaro. A ver si la Rosa Díez o alguna otra pájara pesetera del estilo arregla ésto, porque lo de viajar en tu propio país y no entender a la gente no es de ley.

Qué bueno…

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Acabo de pillar un chiste en francés, ¡¡¡Bravo!!!! ¡¡¡VIVA!!!

El chiste en cuestión, que lo he escuchado en la radio, me ha hecho reir y todo, era el siguiente:

¿Qué diferencia hay entre una oficina de correos en huelga, y una oficina de correos que no hace huelga?

¡¡NINGUNA!!!

…jijijijijiji  Hay cosas que nunca cambian, ¡¡ ni siquiera con las fronteras!!

Es bien sabido por todos lo quisquillosos que se ponen algunos franceses con la pronunciación.  Esta cualidad tan suya llega a veces a límites exacerbados, como ocurrió cuando me visitaron mi hermano, Pati y Dani.

Nos hallábamos pasando el día en Montpellier, y como buenos turistas, decidimos que era el momento de dejar unos cuantos euros en un establecimiento de la ciudad. Al ser unos glotonetor en toda regla, la opción número uno fue: DESAYUNAAAAAAAAAAR.

Entramos en una cafetería que tenía buena pinta, con la variedad habitual de bollitos, tartas, quiches y demás. Me senté en una mesa para coger sitio, y dejé que los otros pidieran, ya que en teoría, no tendrían que tener mucho problema para elegir un bollito y un cafeolé, ¿o sí?

Y así me encontraba yo, sacando fotos de las servilletas, cantando pajaritos por aquí pajaritos por allí mientras miraba por el ventanal, sin darme cuenta que aquella gente no volvía.

De repente, escucho el grito entre cabreado y angustiado de mi hermano: PILAAAAAAAAR

No recuerdo muy bien cómo fue la cosa (corregidme chicos si cambio cosas) creo que me acerqué, y ellos me preguntaron con gesto irritado y alucinado:

¿Cómo se dice CROISSANT en francés???

Habían intentado decirle de mil formas diferentes a la dependienta CROISSANT, sin éxito ninguno, obteniendo siempre la misma respuesta automática de una francesa a la que no le enseñaron que el probablemente primer destino turístico del mundo (FRANCIA) no es nada sin los turistas…

La situación debió desarrollarse de una manera parecida  a esto…

Un Curasán, sivuplé

PAGGGGDON???????? (pardon)

un CROASÁAAAAAAAAAN, sivuplé

PAGGGGDON??????

– …

Un croIIIIIIIsan, sivuplé

PAAAGGGGDONN???

A todo esta absurda conversación, añadían múltiples representaciones mímicas, porque para más inri, la vitrina de los croissanes estaba en el mostrador en la calle, y nosotros estábamos dentro, así que no podían señalar uno como ejemplo. Así que ellos imitaban el movimiento de un croissant mojado en un café, intentaban dibujar un croissant en el aire, y aquella gilipollas mechante (cruel) ¡¡¡no era capaz de hacer un esfuerzo por entenderles!!!!!!

Cuando yo llegué, y me dicen, aquello tan famoso ya de ¿Cómo se dice croissant en francéss? Y cuando volví la mirada hacia aquella zopenca, me di cuenta de que habían dado con uno de esos casos difíciles  de lidiar que no hacen el mínimo esfuerzo por entenderte. Saqué mi patata imaginaria del bolsillo, me la metí en la boca, y con tono de cursi redomada, dije:

– AN GGGGGGGGGGGGGRRRRRRRRRRRRRRRRoaasán  sivuplé

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAh!! an GORASÁN!!!!  – Repitió la dependienta con una pequeña sonrisa sádica.

Y les sirvió los croissanes.

Pati dijo que la próxima vez que un francés en Barcelona se acercara y le hiciera una pregunta, pongamos por ejemplo, Pegdona, pego ¿pog donde está la camina paga llegag a lo Saggada Familio? Ella iba a contestar, pagggggggggdón????????????????

suc51770 Momento inmortalizado

Es dura la vida del principiante de francés practicando la inmersión lingüística.

Después de pasar la tarde con mi americana ( hablando en francés, claro) tuve una breve pausa española que duró cerca de dos horas, que fue el tiempo que el poeta tardó en aparecer de imprevisto (Avignon es muy pequeeeeeeeño, insisto) por la terraza de la rue de Teinturieurs (nunca seré capaz de escribirlo bien), porque de repente todo se llenó de franceses y entonces, no se cómo, cuando me quise dar cuenta, mi pequeña comunidad española había desaparecido y hallábame yo en medio de una reunión francesa, en un apartamento muy cuco. Lo malo es que tanto francés incomprensible terminó provocándome francofobia, y creánme señores, cuando les digo, que al ojo izquierdo incluso le asomó una lágrima entre impotente y nostálgica.

Y es que terminó resultando durísimo escuchar a aquella fille  hablando y hablando y hablando y hablando y hablando sin parar y yo sin entender absolutamente nada ni saber remotamente de qué cojones iba la conversación. Su boquita de piñón emitía sonidos y sonidos, yo intentaba mantener la sonrisa en mi boca, y mientras tanto en mi cabeza sonaba la melodía de Barrio Sésamo (nananaa, nanana, naaaaaaaananaaaaaaaaaaaa…sigue). No se porqué sonaba, pero es cierto señores. La melodía de Barrio Sésamo acude a mi mente en momentos de angustia. Ni siquiera en las oposiciones he pasado tan mal rato como hoy. Quería levantarme y decir Bon, je me vais chez moi, pero aquella petarda no cerraba su puto pico, y yo no quería ser tan maleducada de interrumpirla.  La melodía de Barrio Sésamo sonaba cada vez más fuerte en mi cabeza, y a veces en estéreo, podía escuchar también u O se calla de una puta vez o la callo yo, la callo yo!!!

Me apeteció jugar al Informal, que en mi lenguaje (y en el vuestro) viene a ser quitar el volumen a las conversaciones de los personajes que hablan y ponerte encima de su voz a decir paridas. Realmente me moría de ganas por hacerlo. Pero creo que me hubieran mirado raro, así que preferí seguir cantando mentalmente la melodía de Barrio Sésamo.

Hasta que, aprovechando que la moza abrió la boca pero no para hablar, sino para respirar, rápidamente, me levanté y  dije la frase con la que soñaba desde hacía una hora y media: BON; JE ME VAIS CHEZ MOI. Oh casi me muero del placer después de pronunciar esas palabras! El poeta empeñado en acompañarme hasta casa (infeliz… Pero si te vas a quedar con las ganas, no te esfuerces…).

Y ahora en mi casita, solita, escribiendo, leyendo, y pensando en español, relajándome un poquito de tanto gabacho , ¡soy tan feliz!

Y es que el francés es muy bonito, sí señor, pero yo (de momento) no lo entiendo,y además, donde esté el idioma español*, que se quite todo lo demás, ¡coño!

*Lo siento, no es por ser imperialista, que ni mucho menos defiendo tal cosa, pero  está bien dicho así, no vengáis con la monserga del castellano que oficialmente incluso se reconoce la enseñanza de la lengua como ELE, es decir, español como lengua extranjera.

El día empezó  mal ante la imperiosa necesidad de levantarme a las 5. ¿La razón? Hoy tocaba reunión de asistentes en Montpellier. La americana y yo iríamos en el coche de uno de los profes de inglés del lycee, y habíamos quedado en que a las 7 de la mañana  me recogían en el alto de Villeneuve.

Después del maravilloso momento del madrugón, tocó el momento “diluvio universal”. Es decir, caminar durante 15 minutos por las calles del centro de Avignon, totalmente vacías, a las 6 de la mañana, bajo una lluvia torrencial y entre auténticas ríadas corriendo por las aceras.

Este maravilloso paseo matutino tuvo como consecuencia, el total enchumbamiento de mis botas. Todo el día con los pies mojados, vamos… Aún tengo las botas bajo el radiador a ver si secan para mañana. Y salvé de llegar al coche que me esperaba como recién salida de la ducha porque hace dos días tuve la suerte de comprarme un paragüas, que encontré de rebote, por 2 euros. Qué 2 euros más bien invertidos, oiga!

Después de como digo, caminar quince minutos, bajo la tormenta, llegué a la parada de la línea 11, que aún tardaría 10 minutos en pasar (Inciso: espera, bajo la lluvia y el frío). Luego, 20 minutos más de viaje para llegar a lo alto de Villeneuve. Donde me esperarían con el coche. O mejor dicho, donde YO esperaría al coche. Una vez más, bajo la torrencial lluvia.

Por fin aparece el cochecito leré, y comienza el viaje. Teniendo en cuenta que había dormido cinco horas y que los otros dos ocupantes del coche sólo hablaban en inglés y francés, el café no hizo efecto y caí redonda a pesar de las voces que iba dando la americana, jaja…

Llegamos a Montpellier y tras el segundo revitalizante café del día, empieza la primera parte de la formación. Bueno, más que formación, superchapa. Que si representamos a nuestro país, que si representamos al funcionariado francés (a la americana le encantó la frase de que representamos a los colores azul, rojo y blanco,o algo así). QUe si teníamos que ir correctamente vestidos, y un montón de “betisses” más que todo el mundo presupone, porque son obvias.

Por fin llegó la hora de la comida. Nos dieron tiquets a todos para un menu gratis en la comedor de la Universidad. La americana huía de sus compatriotas. Decía, y dice, que no quiere hacer amigos americanos, porque no quiere hablar en inglés. Yo he dicho muchas veces que no quiero hacer demasiados -no soy tan radical- amigos españoles, pero he de reconocer (en otra entrada me extenderé), que últimamente siento cierta nostalgia que me está sorprendiendo, pero ahí está. A lo que iba. La americana no quería sentarse con  americanos, y a mí me daba igual todo, sólo pensaba en echar bocado a aquel extraño plato compuesto de garbanzos, puerros, cuscus y huevo cocido que había elegido como menú, así que escogimos un sitio cualquiera y allá nos aposentamos. Más tarde se nos unieron a la mesa una colombiana muy maja, y una americana que hablaba también francés, y mi americana, pues feliz. A mí me daba igual todo. Estaba tan cansada… Además de mentalmente agotada de tanto francés.

Por la tarde era el momento de la formación por idiomas. Por idiomas en el sentido abstracto de la palabra, ya que la formación fue toda en francés. Es decir, de nuevo capté un 50%. Suerte que coincidí con una chavala majísima de Madrid, que me ayudaba cuando no entendía algo. De todos los allí presentes (unos 37 asistentes de lengua española), me pareció la más simpática de todos, y qué suerte que estaba sentadita a mi ladito.

Después de tres larguísimas horas  más de chapa y muchas fotocopias de ejercicios para aprender español más tarde, los profesores dieron por finalizada la jornada. Me sentí un poco -bastante- triste, porque comprobé que era la única asistente española por la zona de Avignon de la Academie de Montpellier. La gran mayoría de los españoles que estaban allí vivían en Montpellier, y se fueron luego todos juntos a tomarse algo, con algarabía y alborozo. Yo les dije adiós con una mano, y sosteniendo mi paraguas de 2 euros con la otra, me volví a la kangoo roja a esperar a mi americana y al profe de inglés. De vuelta a Avignon, me quedé dormida de nuevo en el coche.

En Avignon seguía lloviendo a mares. Qué barbaridad, ¿No decían que en la Provenza hacía sol? jaja…

Por cierto, iba a quedar con mi ami de Montpellier, pero su actitud tan provocadoramente francesa me ha terminado de tocar los cojones definitivamente y decidí pasar por esta vez, ya que es obvio que no tenía más fuerzas para seguir escuchando francés ni ganas de perseguirle, y ya le veré con más calma cuando vaya a Barcelona… porque en Montpellier tiene los días contados.

Qué fuerte qué fuerte lo que me pasó ayer en la oficina de la CAF.

Avignon no es muy grande, pero no me imaginaba tener tan mala suerte.

Os pongo en situación: el viernes pasado había ido a buscar información sobre los cursos de francés a una pequeña academia en el centro. Cuando llegué, después de llamar por teléfono, la tipa, una mujer embarazada de unos treinta y pocos años, morena y con unos rasgos super raros, y no demasiado simpática, me estaba esperando con un examen de nivel, de una hoja. Me encontré con la encerrona, pero bueno,acepté hacerlo. Y es que me fastidia mucho que hagan este tipo de cosas. Primero háblame de dinero,y luego ya seguimos con todo lo demás… El caso es que acepté, y me senté, y en 15 minutos había terminado. Luego la profesora lo corrigió delante mío en 0’5 minutos, me dijo qué nivel tenía, y me dijo que se trataría de unas clases de 20 euracos la hora, particulares. Yo,para salir de aquella rápidamente, la dije que tendría que hacer números porque hasta noviembre no iba a cobrar. Nos despedimos, y por mi parte, hasta nunca (o eso creía yo), porque no me puedo permitir unas clases particulares y menos a ese precio, por mucho que ella me dijera que era muy barato y que ella era una profesional.

Qué mala suerte, que voy y me la encuentro, ayer martes, en la oficina de la CAF, a donde había ido a pedir los papeles para la ayuda al alquiler. No sabía que se me avecinaba otro de esos grandes momentos “curso intensivo de francés oral”.

Primer round:
Se me acerca sonriente y la saludo intentando salir del paso.

Segundo round:
Se acerca de nuevo al verme salir de los servicios, y me pregunta:
-¿Qué vas a hacer con las clases?
– Pues mira, precisamente tengo aquí mi contrato, y te voy a mostrar lo que cobro (780 euros), para explicarte que con este salario, no me puedo permitir pagar unas clases particulares.
Ah, claro (leáse con retintín). ¿Y cuándo pensabas decírmelo? ¿No me ibas a llamar?
– (Pilar, piensa una excusa, piensa, piensa, piensa…) Sí. Es que he perdido tu tarjeta, tengo un lío de papeles en casa…
– Aaaaaaaah, claro, que has perdido la tarjeta (leáse con muchííííííííísimo más retintín y gesto de hijaputa). ¿Y no podías buscar el teléfono en internet?
– Pues sí, pero vamos, que estamos todavía a martes, y estuve el viernes en tu escuela. ¿Tanta prisa había para avisarte? (todo esto, con mi francés todo terreno pega-patadas-al-diccionario).
– Aaaaah, claaaro, que ibas a llamarme. Claro. Pues, “c’est pas grave”, pero que sepas que el examen de nivel que te hice, tiene un coste, y se suele pagar por ello en todas las escuelas.
– Pues no lo sabía, no entendí que tenía que pagar por ello, pero es que apenas entiendo muchas cosas. Nunca me han cobrado por hacer un examen de nivel en la vida, tampoco aquí en Francia.
-Ah, claaaaaaaro.
– No tengo ningún inconveniente en pagarte lo que cueste. Yo no sabía que había que pagar, pero si me dices cuánto es, te pago, no pasa nada.
– Ah, non, c’est pas grave, c’est pas grave… (Con un gesto que me si no es porque está embarazada, la hubiera pegado una patada en la boca).

Yo, hasta los huevos ya de esta conversación absurda, me doy la vuelta y me siento en una silla. Ella se retira.

Tercer round:
Se acerca de nuevo.
– ¿Y has mirado otras escuelas?
– Sí, más caras aún que las tuyas. Lo único que me puedo permitir es la Universidad de Avignon.
– ¿Y cuánto pagas allí?
– 380 euros por 3 meses de clase.
-Eso es más caro que mi escuela.
– Es más caro proporcionalmente, pero tu escuela al mes, aunque sean más horas, son 240 euros al mes como mínimo, que yo, como ves, no puedo pagar, es IMPOSIBLEEEEEEEEEEEEE.
– Pero es barato.
– Perdona, yo no digo que no estés pidiendo el precio justo. Te digo que, aunque el curso de la Universidad sean menos horas, no puedo pagar 240 euros al mes. LO SIENTO; ¡NO PUEDO!
– Aaaaaah claro, claro. Que no puedes…

Retiro la mirada y miro para otro lado, ignorándola, ya que la tipa tiene ganas de más guerra, y yo el siguiente paso que voy a dar es tirarla del pelo y morderla la nariz.
Por fin, se da la vuelta y se marcha, no sin antes desearme que me vaya bien en Avignon (seguro que me ha echado mal de ojo). Yo la doy las gracias y cuando está lejos, murmullo para mí:
-PUTA
Y el musulmán sentado a mi lado me ha mirado entre risueño y asombrado.

La sensación que me ha quedado después de esta situación tan violenta, fue, extrañamente, muy agradable. Nunca en la vida había tenido, ni superado un enfrentamiento tan abierto con nadie, y encima en otro idioma. Para mí ha sido una pequeña gran victoria personal. Por lo general suelo ser muy poco asertiva, y se que es algo que tengo que solucionar. Ayer, fui capaz de sostener mis argumentos y no achantarme, y todo sin perder los nervios (aunque con mucho esfuerzo), respondiendo a todo de manera razonada.

También entiendo su desesperación. Las cosas no se están poniendo bien para nadie. Ella está embarazada y comenzando con un nuevo negocio. Seguro que no está siendo fácil. Pero la mejor manera de darse a conocer y buscar alumnos desde luego que no es con esta agresividad descontrolada y malos modos. Así que mejor nos vamos acostumbrando toditos todos a los malos tiempos que están por venir, que ya se sabe, a mal tiempo, buena cara.

Resulta que estoy buscando una bici para ir a mis coles, ya que andando están a un trecho, y el bus mucho me temo que va  a ser caro. Y bueno, qué coño, que quiero tener una bici para moverme por aquí. He visto que mucha gente la usa y que no hay demasiado tráfico.

Ando pues mirando anuncios en internet. Encontré ayer uno interesante, pero venía sin la foto. Asi que mandé un email a la vendedora, que al cabo de un rato me respondió enviándome una foto…  Bueno, pues no sé  aún que fallo idiomático he tenido, pero está claro que la bici anunciada, no es de mi talla. Aunque el rosa siempre me ha encantado…