Dice Claudia que cuando yo tenga bici, iremos a unas calas que hay saliendo de Barcelona, hacia el norte.

Me apetece. Pero no podrá ser hasta el mes que viene (nota realista dentro del post idealista).

Me encantan mis compañeras de piso.

Hoy la jornada de trabajo ha sido re-que-te-du-ra. He sentido en más de una ocasión deseos de gritar, patalear, pegar a alguien,y no precisamente a los clientes (hoy me ha tocado enseñar el centro a gente especialmente simpática!), sino a esa maravillosa raza que son los compañeros de trabajo, o como dicen los franceses, los Collegues.
Parece que lo normal es que el conocimiento te venga del aire, lo respiras, y voilà. Ya lo tienes en tí. Joder, qué guay. Ya podía haberme sacado la carrera así, con esta metodología de aprendizaje tan moderna. Claro, igual lo más normal es que si me tengo que aprender 567.098 leyes y normas sobre el funcionamiento del club, me las deis por escrito, yo me las leo en casita y a los dos días soy una perfecta trabajadora alienada que repite mecanizada todos los procedimientos perfectamente.

Pero como no tengo el libro ese gordo de Petete porque al parecer no existe… no sé cómo hacer las cosas, y cuando tengo fallos, me equivoco, y bastante tengo yo con reconocerlos. No, pues encima tiene que haber alguien cagándose en mí y poniéndome malas caras.

Menos mal que la mañana paseando por el gótico en muy muy agradable compañía, reponiendo fuerzas con roiboos de canela y un delicioso menú en un restaurante vegetariano (de cuyo nombre no me acuerdo pero ya buscaré para deleite de mis escasos pero fieles lectores, jejeje… ) fue  suficiente para afrontar esta dura jornada de alienación con dignidad y alegría.

Por fin encuentro un momento para sentarme a hacer un pequeño balance de lo que fueron estos seis meses en Francia… Empecemos pues por analizar qué pasó con mi vida social… A lo mejor esta entrada resulta un coñazo, pero tengo que hacerlo, que es como una purga de cosa mala de mi interior.

Unas cuantas malas experiencias (búlgaras, americano, americanas asistentes de inglés, ect…) no pueden hacer frente a unas pocas super buenas experiencias entre las que quedan:

-Farina: la canaria palmera-alemana que llegó a Avignon un mes y medio antes de irme. Sólo tengo palabras buenas para ella. El último mes fue otra cosa gracias a ella. Tampoco es que tuvieramos la rehostia de cosas en común, pero era buena persona y fue suficiente para que conectaramos.

– Los asistentes españoles (los pocos que conocí):

P, La gaditana era un solete pero apenas coincidimos porque vivía en otro pueblo y luego por razones amorosas se pasaba el día en Marsella. Fue un puntazo que me comprase  mi bici el último día de estar yo en Avignon.

Incluimos también aqui a Sagra y su novio. Ella era asistente, y él había venido a acompañarla. Destaquemos el hecho de que ellos eran de Valladolid y como ustedes saben, yo viví allí cinco años. Pues resulta que teníamos una amiga en común. Manda huevos. Aunque éramos como el día y la noche de parecidos, compartíamos una misma visión entre revolucionaria-políticamente incorrecta-literario-artística-musical en común que hizo que me encantara pasar con ellos bastantes ratos. Vivíamos separados por apenas quinientos metros,éramos vecinos, vaya, en aquel barrio entre bohemio-marginal-extraño en el que vivíamos.Además, me trataban casi como a su hija, y cuidaron de mi prima Ana, incluyendo alimentarla, la primera mañana que ella estuvo sola en Avignon, nada más llegar ella a Francia. El chico era cocinero y tuve la gran suerte de ser invitada más o menos cada quince días a cenar a su casa, con la algarabía y gozo que esto suponía para mi estómago. A cambio, yo les dejaban que usasen mi ordenador con internet siempre que lo necesitaban. Se preocupaban mucho por mí cuando me ponía enferma, y me da mucha pena no saber cuándo les volveré a ver. Les cogí montón de cariño.

Me demostraron que la generosidad tiene de nombre Sagra y Eze. Una gente buena, buena.

-Virginie: Mi angelito francés, como yo la llamaba. Era una de las profes de español con las que trabajaba en el college. Me invitó dos veces a su casa en Nîmes, donde su familia me agasajó con sendas cenas representativas de la gastronomía francesa, la primera vez tapenades y crema de bacalao, y la segunda, una raclette en toda regla. Su familia era supersimpática, aunque la primera vez que me quedé allí a dormir, casi sucumbo ante las tres horas de tertulia literaria en francés, cuando no hacía ni un mes que había aterrizado y mi dominio del idioma era bastante precario.  Bajo su apariencia frágil y de muñeca de porcelana, Virginie era la leche,  una chica con mucho mucho coraje.

-Veronique: La otra  profe de español con la que trabajaba en el cole. Una tía clavadita a Candela Peña, oiga. Era de Montpellier pero entresemana se quedaba en Avignon, y me llamaba  a menudo, íbamos a cenar, al cine Utopía… Junto con Farina, se quedó a esperar conmigo el autobús para Barcelona… Hasta las doce de la noche estuvieron conmigo… Espero que me venga a visitar pronto a dónde sea -que yo esté-

Además, me presentó a su amigo Fred. ¡Qué tio simpático! (Y era francés!)  Bueno, en realidad, no me lo presentó, porque la primera vez que quedé con él, Veronique no pudo venir, y estuvimos los dos solos, y viví una situación surrealista con él, pero sería demasiado largo de explicar. Ahí lo dejo. Cada vez que nos veíamos (el resto de veces ya siempre con Veronique), chapurreábamos una mezcla de inglés, francés, español, y en las últimas ocasiones, como lo habían mandado a Brasil por el trabajo, en portugúes!¡  Super majo! Estaba como una cabra.

Aurelie: Mi primera alumna de español, que luego le pasé a Sagra porque yo no daba abasto con las clases particulares. Una tía super super maja, loca como una cabra, trabajaba en el sector del vino, tenía una oscura historia de amor con un fisioterapeuta español también residente en Avignon, y la pena de esta chica es que empecé a quedar con ella cuando ya quedaba sólo un mes para irme. Pero una francesa muy sociable, y abierta, muy buena gente.

-Aurore: Una chica de Toulouse que me escribió por un anuncio que puse para hacer intercambio de español-francés. Yo creo que en realidad se aburría en ese país tan aburrido, porque cuando quedábamos al final sólo hablábamos en francés, y juro que no era porque yo insistiera en esto! Había venido a Avignon con su novio por el trabajo de él y no tenía amigas. La pongo aquí porque era buena chica, pero al final me llamaba de pascuas a ramos y en los últimos tres meses la perdí la pista, creo que estaba agobiada preparando el concurso de entrada a la escuela de veterinarios. Pero era maja.  Lo único en contra, eso, despedirse a la francesa…

Algunas decepciones más además de las ya conocidas:

-M  la toulousana, y su  amigo A el marroquí. Ella, pues lo de siempre, te llamo, no te llamo, te digo que sí, luego que no, te digo de quedar a una hora que se que te viene fatal y me la sopla por tiempos…Por no decir de los comentarios super racistas de A, que era marroquí pero no de los que llevan ya mucho en Francia, sino que había venido desde Marruecos para estudiar en Francia, no tenía familia en el país. Ante la pregunta de Farina de: ¿Conoces a otros marroquíes aquí en Avignon? El responde: no. Farina insiste: ¿Por? A: porque son pobres.

Su máxima en esta vida era tener un chalet con jardín, pantalla plana, piscina, mujer y niños. A Farina y a mí nos ponía la cabeza como un bombo porque cuando íbamos  a visitar algún parque o cosa en Avignon, no paraba de decir cosas como : C’est magnifique, c’est sublime, c’est... Vamos, que era un rimbombante el niño…

La pareja español-italiana que conocí en clase de francés: Eran raros, raros… El era mallorquín, pero parecía gallego,¡ respondía a todo con preguntas! Y eso cuando te respondía… Joder. El a mí me preguntaba todos los días lo mismo sobre mi vida, y luego parecía que hacía formateo de su cabeza, porque nunca se acordaba de nada. Era como si siempre fuera la primera vez que le explicaba las cosas. Su novia italiana hacía meditación. Cosa que me parece estupenda, pero se tenían un secretismo al respecto… como si se avergonzaran…

-El poeta: Sí, el poeta, sí. O ¿Ya os pensábais que no iba a hablar más de él? Aquí el chaval se lució.  Como allá por enero le dejé bien clarito que se olvidara de mí si no era para otra cosa que ser amigos. Intentó hacerme creer que lo había entendido, pero infeliz… No sabe nada del sexto sentido y la intuición femeninas… Después de varios cafés aburrídisimos, me envía, un domingo a las 22 de la noche un sms para preguntarme si podía pasar por mi casa “pour faire un petit coucou” (frase que pasará al archivo de las frases célebres de Avignon). Lo emplacé a tomar un café en una terraza a plena luz del día, y le dije que si creía que yo me chupaba el dedo. Ese café en esa terraza, dos meses antes de irme (el  más aburrido de todos), fue la última vez que le vi. Después de eso, intentó quedar para despedirse, en plan “buen rollo” pero la cagó cuando en el intercambio de sms para quedar, me envía uno que me dice algo así como me gustaría dormir contigo antes de que te vayas. LA CAGASTE. Fin de la conversación vía sms y hasta luego si te he visto no me acuerdo. Así quedó zanjada la historia. ¡Este no sabe lo que vale un peine!  Así le quedó buen recuerdo de las españolas y quizá al menos no vuelva a “joder” a otra compatriota hispánica (infeliz que soy…)

-Michel: El francés que conocí en Lyon y que me enseñó a esquiar, claramente quería cacho (reconocido por él mismo) y como no lo hubo, adoptó una actitud cansina cansina, que me produjo ganas de darle la vuelta a la cara de una bofetada el día que Farina y yo fuimos de excursión a Marseille porque él estaba allí visitando una amiga. Aparte de que olía mal, era pesado como el solo, y no hacía más que preguntarse, por qué, si era guapo y atractivo, no se comía un colín…Quizá… ¿Hay que lavar la ropa?  Quizá… ¿Eres un jodido plasta?

No puedo con los hombres, de verdad. Y si son franceses peor aún.

-El tomate: ¿alguien se acuerda ya de él? Después de portarse como un energúmeno, me lo encontré en el Delirium cuando Ana estaba de visita en Avignon. No se dignó a saludarme (ni yo tampoco, que yo soy muy digna, hombre!) , pero en cambio, fue desaparecer él del bar, y me empezó a hacer perdidas en el móvil… ¿Ustedes entienden algo? Yo tampoco. Pues, pasemos al siguiente.

… Pero creo que ya no me dejo a nadie más. Conclusiones que saco de todo esto:

-Hacer caso más a menudo a mi intuición cuando me dice, con esta gente no te juntes. Siempre me ha funcionado y esta vez no iba a ser menos (ejemplo práctico: la historia con las búlgaras).

-Hacer caso a mi intuición cuando me dice que alguien parece buena gente aunque veas que es radicalmente opuesta a tí. Ejemplo práctico: Farina.

-Después de tres años encerrada social y espacialmente por mi ex, esta experiencia ha sido vital para volver a nacer a las relaciones. Podemos decir que vuelvo a ser yo, aunque todavía me cuesta. En cualquier caso, aunque mi apariencia sea de persona abierta, en el fondo muestro de mi forma de ser muy poco muy poco…  Eso siempre ha sido así, no voy a culpar a nadie.

Vuelvo contenta porque he conocido a mucha gente, de todos he aprendido algo, hasta de los del apartado “gente chunga que borraría con tipex de mi mente”. Y como siempre, la gente que vale la pena, poca, pero con su peso en oro.

Ayer,  la Palmera y yo nos fuimos a Montpellier a pasar el día. El plan era comer de brunch en un sitio chulísimo que descubrí cuando estuve con Michi y Tomás. También avisé a S, una coruñesa genial que  es asistente de español como yo, y que vive en Montpellier.
El sitio en cuestión se llama Pre-vert, (ahí queda el link) y lo recomiendo encarecidamente. El brunch, aunque es un poco caro (16 euros), no es de los más caros que he visto, y es cundente: Primero un plato con una tostada y un minicroissant y un botecito de mermelada. Después, un gran plato con: ensalada, queso de cabra, una porción pequeña de pizza, hinojo confitado, salmón ahumado, macedonia de frutas, y una magdalena. Zumo de naranja natural y café con leche.

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Cuando terminamos, nos quedamos un buen rato de tertulia,y la dueña vino a preguntarnos si queríamos algo más. Le pedimos cada una un café noisette, y nos invitó!!!!!!!  Pa’flipar…

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Después de comer, nos acercamos hasta el Jardin des Plantes, uno de los jardines botánicos más antiguos de Europa. Pertenece a la Universidad, todavía van allí los estudiantes de medicina y farmacia a utilizar los “hierbajos” que hay plantaos. Además, los sábados por la tarde, hay un grupo de teatro que dinamiza el jardín, monta numeritos y entretiene a la gente… Hasta que llegamos S y yo y los entretuvimos a ellos….

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También se cruzó una rana en nuestro camino, con efectos diversos en cada una de nosotras, veáse la imagen que vale más que mil palabras…

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Y bueno, terminamos el día tomando unos de estos zumos que están tan de moda ahora, en algunos sitios. Estuvimos en uno donde ofrecían una carta con casi cincuenta variedades. Para hacerlos, cogen cuatro o cinco tipos de frutas, verdudas o especias muy dispares entre sí (pera, mango, canela, gengimbre, pimiento, zanahoria) las meten en algo así como una batidora-trituradora gigante, y cuando tú piensas que el resultado será asqueroso, pues no, resulta que está riquísimo. Lo siento, no hay fotos.

La palmera y yo regresamos muy felices a nuestro pueblito avignonense y colorín colorado.

Segunda oportunidad a Marseille. Y no pasa, no pasa del aprobado. La Palmera coincidía conmigo en esa sensación que me persiguía todo el tiempo callejeando por la ciudad: ¿Cuándo vamos a llegar a algún sitio interesante? Sí, esa es la sensación, la sensación de que aún no has llegado al centro, la sensación de que estás todo el tiempo en las afueras aunque lleves ya media hora andando por el mismísimo casco antiguo. Difícil encontrar un sitio para tomar un café que no sea un Mc Donalds o un Kebab (y no me vale la excusa de que esa es la mismísima esencia de Marseille).

Pero todo esto lo puedo aceptar, lo puedo meter dentro del saco de ese remoto y extraño “encanto” que todo el mundo dice que Marseille tiene. Lo que me parece denigrante para una urbe de 840.000 habitantes, y una área metropolitana de 1.623.000 habitantes , es su red de transportes. Dos líneas de metro y un sistema de autobuses que en cuanto se colapsa un pizco el tráfico, se convierte en una ratonera. Ejemplo: Ayer, cuando fuimos hasta las Calanques y la vuelta, que en un trayecto normal serían treinta  minutos, se convirtió en un viaje de hora y media, que nos hizo perder el tren que habíamos previsto tomar en un primer momento.

A pesar de todo esto, hay algo que me ha gustado de Marseille: Sus zonas verdes. Grandes lugares de esparcimiento para hacer picnis como el que hicimos ayer, en compañía de Michel, mi profe de Snow, recuerden, y su amiga Joana, estudiante de Bellas artes y totalmente artista en esencia, como pudimos comprobar al entrar en su apartamento: una siniestra pared torcida por la antigüedad del edificio,  llena de vestidos antiguos recogidos de la basura, que colgaban de clavos que ella misma martilleaba cuando encontraba una de sus últimas adquisiciones, “para alguna performance o para transformarlos luego, no sé….” explicó ella con esa manera cansina pero simpática que tenía de hablar.

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Un perro muy majo que tenían los señores de al lado.

Pasatiempo: Encuentra a la artista

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suc54863Mirando al suelo para no matarme por las agrestes calanques :D

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suc54852Les Calanques

Ale, ya se me ha pasado. Nada como dos horas de clase de catalán (los idiomas me relajan, en el fondo), y una cena con los “nuevos amigos” de esos que aparecen en el último mes, así que tienes que disfrutarlos de manera más intensa.

Ayoub nos preparó, de primero una ensalada con melón (un tipo de  melón de color naranja que no había visto en mi vida) y mozzarella, y de segundo salmón al horno con tomatitos cherry y champiñones. Estábamos Melanie la toulousana, la palmera y yo. Y ya puedo morir tranquila porque todos se dieron los números de teléfono, así que ya he conseguido mi misión,y ahora sólo me queda presentar la palmera a los pucelanos, pero eso viene mañana.

Y si anoche tuve cena en casa de Ayoub, el lunes tuve cenita en casa de los pucelanos, ya que el pucelano, además de licenciado en filosofía, cocina como los ángeles, porque es cocinero profesional… y preparó un bacalao en salsa purrusalda (es decir, la purrusalda hecha salsa, o algo así, pero no entiendo mucho de cocina vasca) con tiras de jamón churruscadas y pasas… MADRE MÍA! Para chuparse los dedos. Lástima que antes de terminar la comida me puse malísima del estómago (me pasa  a veces, es normal y estoy acostumbrada), y aunque, como soy una bruta, me acabé el plato, no lo disfruté igual .

Sí, ya se que yo había dicho que estaba a dieta. Pero os recuerdo que el problema son los crêpes…!! Nada de lo que he comido estos días en estas cenitas de amigos es perjudicial para mi línea.

Bueno, y mañana cuento la última (qué cara más dura tiene) del americano, que es tremenda.

No he comentado que tengo una nueva misión. Me queda un mes y estaré contenta de hacer nuevos amigos y también de  darme cabezazos de rabia porque cuando estoy a punto de irme es cuando encuentro la gente con la que más a gusto me encuentro.

Pero mi misión es otra. Ahora tengo que ayudar a estas nuevas personas que entran en mi vida y que no conocen a nadie en Avignon, a encontrar su sitio y encontrar amigos más rápida y fácilmente que yo.

Así que ayer cité a la palmera y a Melanie la toulousana para ir a cenar. También vino el chico marroquí, amigo de Melanie, que ahora ya se que se llama Ayoub :D  Nos fuimos a cenar al bistrot del cine Utopia y estuvimos casi tres horas hablando y riéndonos, y se cayeron todos muy bien entre ellos, así que creo que me puedo morir tranquila.

Bueno, todavía no. Aún sigo siendo el enlace. Podré morir tranquila cuando Palmera y Toulousana se comuniquen entre ellas con sus móviles e emails, sin tenerme a mí como intermediaria.

Otra cosa que no se si hacer, es presentarles a las búlgaras y al americano.

Las búlgaras no son más que unas niñas pijas multimillonarias, más sosas que una abuela, egocéntricas como ellas solas, todo el día haciéndose fotos con morritos y en fin… demás chuminadas que algunas hacen cuando tienen 20 años  ( y treinta, también. Vamos, que no va con la edad. Es que son así y punto.) . Después del viaje a París, me cargaron del todo.

El americano se está portando como un mongolo y hace ya varias semanas que paso de él. Con su amiguito Adrien (el cual le presenté yo, por cierto) ¿Os acordáis de él? , se han ido a esquiar y a hacer snowboard una semana, a los Alpes, sin ni siquiera invitarme a mí, sabiendo que yo tenía ganas de aprender. Además, el americanoa ha salido varios sábados sin avisarme, y anoche, estrenaba apartamento nuevo en la misma residencia, e hizo una fiesta para inaugurarlo. Yo me lo encontré el jueves por la tarde y no me dijo nada de la fiesta.

En cambio, ayer a las 22:30 me envió un sms para decirme que si quería pasar por su casa a tomar algo. Se debía pensar que yo estaba en mi apartamento, sin nada qué hacer, mirando al techo o algo así. Ni me molesté en contestarle, a este mongólico de mierda, porque estaba cenando tan feliz en el café Utopia y no iba a perder ni un minuto de energía en enviarle un sms de respuesta. Y cuando entrábamos la Toulousana y yo a la residencia a eso de las 23, nos encontramos con toda la gente que salía de la fiesta… Es decir, que me había invitado media hora antes de terminar el mogollón… ¿Se puede ser más imbécil y maleducado?

Pero a pesar de todo, me encantó encontrármelo en ese momento. Le dije, “ay perdona por no contestarte al sms pero estaba cenando y no iba a poder ir de todos modos”. GILIPOLLAS (añadí en mi pensamiento).

Estaba por allí revoloteando, ese gusano asqueroso que es Adrien, el francés más gilipollas que he conocido en mi vida (y son tantos…), y quiza una de las personas a las que más asco he tenido jamás, por lo falso, interesado, y narcisista que es. Claro, se presentó el solito a Melanie, no me dejó ni tiempo para presentarsela yo. PAYASO.

Y cuando Jeffrery nos preguntó si ibamos con ellos al Delirium (ni jarta de vino me voy con vosotros), y le contestamos que íbamos a ir mañana, ya tuvo que poner la puntilla esa oruga apestosa de Adrien, diciendo: Mañana es mañana, y hoy es hoy y estaremos nosotros. El americano como un eunuco  pelota le rió la gracia, y yo miré a Adrien muy seria y  sin hacer ni un solo gesto, haciendo mía esa máxima de no hay mejor desprecio que  no hacer aprecio, y le dije simple y tajantemente: No.

No había nada más de lo que hablar, me estaba cabreando y Melanie me miraba con gesto desconcertado, y yo sólo me quería ir a la cama, así que di por terminada la conversación, y nos despedimos, ellos de fiesta,  y nosotras, a dormir.

Y hoy, reflexionando un poco sobre todo esto, pienso, qué mala suerte he tenido. He estado perdiendo el tiempo durante cinco meses, juntándome con gente que no me ha aportado nada de nada a nivel personal, con la que me he aburrido el 80% del tiempo, y si no me he aburrido (porque con el americano tampoco es que me aburriera), me han pegado las puñaladas traperas a saco. Y ahora, cuando queda un mes para que todo se acabe, de repente, doña Exigente Social (o sea, yo), encuentra gente con la que por fin se encuentra bien, se encuentra cómoda, puede hablar de cosas interesantes, reirse, hacer planes interesantes, ect…

Una mierda todo. Si os lo dije yo, que seis meses no dan para nada.

Menos mal que casi todos mis mejores amigos españoles (e italianos, jaja), han venido a visitarme, a acompañarme en  mis viajes para conocer el país y a ayudarme a dejar algunos buenos momentos para el recuerdo de mi estancia en Francia.

Tengo ganas de volver a España.