Para aquell@s de mis escasos -pero amados- lectores que se pregunten que ha ocurrido con el -de momento, ¡ja!- único ligue que tengo, es decir, el ya conocido popularmente como “el poeta” entre amigos y allegados… pues he optado por relegarle al olvido, o al menos intentarlo. El lunes, día en que viajé de Barcelona a Nîmes, recibí un sms suyo preguntándome si estaba ya en la ciudad… No hijo, no. Llego el miércoles o mañana. ¿Acaso estás deseoso de tomar un café escuchando Dominique A? le pregunté. Bien sûr, respondió él. Pues te vas a quedar con las ganas, chaval.

Está claro que la táctica de ignorar al contrincante, y no darle lo que pide, reporta siempre y sin duda alguna grandes éxitos. Lo estoy comprobando in situ. Además, el miércoles en la noche, habiendo yo llegado a mi hogar, recibí otro sms del muchacho. Que si quería quedar. No, gracias, estoy mal del estómago. Espero que me disculpes.

No ha vuelto a enviarme ningún sms más. Ayer me encontré con un amigo suyo muy simpático en los conciertos, que me preguntó si El Poeta (obviamente no dijo el poeta, lo llamo por su nombre) iba a venir. Me quedé con las ganas de decirle, chaval, no se que te has pensado, pero no soy nada suyo, ya lo ha dejado él bien clarito desde el principio, que sólo quiere sexo y nada más que sexo. Por no querer dar, no da ni conversación. Y yo no soy una puta a domicilio” . Pero era demasiado para mi nivel de francés y sólo de intentarlo, me hubiera estallado la cabeza  a mí del esfuerzo de decirlo, y al escuchante, también le hubiera reventado, del esfuerzo de intentar entenderme. 

El título es un verso de Nacho Vegas (de la canción el Angel Simón)

Esta mañana me he encontrado con el poeta. Avignon es pequeño, y después de rechazar su invitación para visitarle a su casa a las 8 de la mañana (sí, señores, es increible pero cierto, un simple sms a la medianoche para decirme: viens a me voir demain a 8h de la matin?), me lo encontré esta mañana en plena Rue de La Republique cuando yo venía del banco acompañada por mi vecina búlgara, que por cierto, parece muy simpática.

Ella se despidió de mí y siguió hacia casa. Y yo quedé con él en vernos más tarde, puesto que aún me quedaban recados para hacer.

Así que me reuní con él, y , por primera vez, en no me acuerdo cuánto tiempo, un hombre ha dicho alto y claro (bueno, todo lo que su acento del norte le permite) cuáles son sus intenciones,y ha sido sincero. Lo cual le honra, pero también, le separa de mí, porque Lo siento, poetita, pero tus intenciones no son las mías y además, no me gustan.

Sin embargo, cuando estoy con él, leo en sus movimientos y en sus gestos y en sus ojos, muchas cosas. Leo sobre todo inseguridad, y una cierta tristeza, leo insatisfacción vital. Y me da pena. Pero mis abrazos no te van a curar, amigo poeta. Y no te quieres dejar contagiar por lo mucho que yo amo a la vida. No te interesa escucharme, no te interesan mis palabras.

Lo siento…pero mis abrazos y mis besos son para quién los necesiten de verdad, y para quién los sepa apreciar.