Ayer,  la Palmera y yo nos fuimos a Montpellier a pasar el día. El plan era comer de brunch en un sitio chulísimo que descubrí cuando estuve con Michi y Tomás. También avisé a S, una coruñesa genial que  es asistente de español como yo, y que vive en Montpellier.
El sitio en cuestión se llama Pre-vert, (ahí queda el link) y lo recomiendo encarecidamente. El brunch, aunque es un poco caro (16 euros), no es de los más caros que he visto, y es cundente: Primero un plato con una tostada y un minicroissant y un botecito de mermelada. Después, un gran plato con: ensalada, queso de cabra, una porción pequeña de pizza, hinojo confitado, salmón ahumado, macedonia de frutas, y una magdalena. Zumo de naranja natural y café con leche.

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Cuando terminamos, nos quedamos un buen rato de tertulia,y la dueña vino a preguntarnos si queríamos algo más. Le pedimos cada una un café noisette, y nos invitó!!!!!!!  Pa’flipar…

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Después de comer, nos acercamos hasta el Jardin des Plantes, uno de los jardines botánicos más antiguos de Europa. Pertenece a la Universidad, todavía van allí los estudiantes de medicina y farmacia a utilizar los “hierbajos” que hay plantaos. Además, los sábados por la tarde, hay un grupo de teatro que dinamiza el jardín, monta numeritos y entretiene a la gente… Hasta que llegamos S y yo y los entretuvimos a ellos….

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También se cruzó una rana en nuestro camino, con efectos diversos en cada una de nosotras, veáse la imagen que vale más que mil palabras…

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Y bueno, terminamos el día tomando unos de estos zumos que están tan de moda ahora, en algunos sitios. Estuvimos en uno donde ofrecían una carta con casi cincuenta variedades. Para hacerlos, cogen cuatro o cinco tipos de frutas, verdudas o especias muy dispares entre sí (pera, mango, canela, gengimbre, pimiento, zanahoria) las meten en algo así como una batidora-trituradora gigante, y cuando tú piensas que el resultado será asqueroso, pues no, resulta que está riquísimo. Lo siento, no hay fotos.

La palmera y yo regresamos muy felices a nuestro pueblito avignonense y colorín colorado.

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Esta semana que termina, he recibido la última visita de todas: ¡la de mis padres!  Además de llenarme la nevera, y vaciarme el armario (se llevaron gran parte de mis cosas a España), lo hemos pasado muy bien. He seguido con la dieta a base de crêpes (buaaaaaaaaaaa),  y hemos hecho excursiones a Arles, Aix en Provence, Montpellier, Nîmes y Villeneuve des Avignon. Aunque ya he ido mil veces a todas estas ciudades, me encanta repetir y mostrarles a mis diferentes invitados todos los rincones que conozco, callejear y ser su guía.

Mis padres han flipado con los quesos franceses, con las galletas de la Cure  gourmande,  el claustro de Saint Trophime de Arles y el salchichón de la misma ciudad. También con el ambiente taurino en el sur de Francia, con el dinamismo de Aix, con el cosmopolitismo de Montpellier y con la alegría de las calles de Nîmes. Han conocido a  “el poeta”, porque un día fuimos a cenar una pizza con mi amiga Palmera, y ahí estaba él cenando, han conocido a la loca camarera de montpellier del “GRORAAAAASAN”  e incluso han conocido a las búlgaras y al americano.

Ahora se acaban de ir en el autobús nocturno que va a Barcelona, el mismo cogeré yo dentro de tres semanas justas, y ahora mi casa se vuelve a quedar vacía… Me voy a dormir. Mañana toca peluquería (toda una inversión económica en Francia).

Próxima parada: Dos canarias en Marsella, excursión del lunes de Pascuas!!

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Esta dieta a base de crêpes me está matando… Cuatro kilos en un mes, los pantalones me aprietan tanto en la barriga que me duele, y hasta ahí podíamos llegar…

Montignac,¡¡¡ vuelve a mí!!!

Ayer me enamoré. Sí, me enamoré.

A las ocho y media de la mañana tomé un autobús, sola, para conocer una ciudad nueva. Mucho me habían hablado de ella, que si es muy pija, que si esto, que si lo otro.

Me bajé del autobús una hora más tarde, y caminé hacia el centro. Había mucha gente en la calle, y eso que era aún temprano. Nada hacía presagiar lo que me iba a encontrar más tarde. Entré en la oficina de turismo, y pedí un plano de la ciudad.

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Elegí una calle al azar a la izquierda, quería buscar un lugar para desayunar y leer toda la información que tenía. Organizar mi día. Al azar, leí una pizarra: Petit dejeuner 4,80 euros.

Qué caro, pensé.

Pero a continuación leí que incluía: Tostadas con mermelada y mantequilla, un bollo, bebida caliente y zumo de naranja natural.

Así que entré, porque ya no me parecía tan caro. Y me pegué el desayuno de los campeones mientras planificaba mi día.  Y ya había empezado a enamorarme, porque a mí se me conquista con el estómago. Y eso AIX EN PROVENCE lo supo bien desde el principio.

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Con el estómago, y con los colores. Y  AIX EN PROVENCE lo tenía todo.

Así que con el estómago lleno (¡me duró lleno hasta pasadas las cuatro de la tarde!), empecé a callejear, con orden pero con desorden.

En el mercadillo me compré tres películas por 5 euros. Les demoiselles de Rochefort, les parapluies de cherbourg, y Avida.

Había mercadillos por todas las plazas. Algunos eran de trastos, otros eran de flores, otros de comida…

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Vi muchos “Hôtels”, o palacios. Entré en la catedral. Visité las termas romanas.

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Luego tomé un autobús (era cuesta arriba y no sabía si demasiado lejos), y subí al atelier de Cezanne.

http://www.atelier-cezanne.com/

Estuve en la pequeña casita que Cezanne compró cuando se instaló definitivamente en  Aix en Provence.  Su taller estaba lleno de luz, de las cuatro paredes, dos tenían grandes ventanales (pero muy grandes). Entraba la luz de la tarde y la habitación estaba caliente. También paseé por el jardín, y me lo imaginé sentado en su caballete haciendo bocetos del Mont Saint Victoire. Porque la casa se la compró allí por las vistas que había de dicho monte. Hizo infinidad de versiones del mismo.

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Bajé caminando. Se me olvidaba decir que a la subida, el GILIPOLLAs del chófer del autobús me dio mal la indicación y me hizo bajarme dos paradas después de la que correspondía. Iba con la mierda de la música que estaba oyendo a todo trapo, normal que no se enterara de nada, el descerebrado.

Todavía me quedaba mucho rato hasta la hora del último autobús, así que me puse a ver tiendas. Pobre de mí que ahora sí que no tengo un duro, pero de buen grado me había comprado dos y tres y cuatro cosas. ¡Qué rebajas más buenas!! Así van todos de ideales y de guapos y guapas en Aix en Provence. Con esas rebajas, cualquiera.

Antes de irme, quería pasar un poco de refilón por el barrio de Mazarin que otro día vistaré con más calma, ya que tiene un museo magnífico que no pude ver. Iba buscando una librería,  pero encontré algo mejor: un pequeño salón de té. Sencillo, bonito, sin pretensiones… Lo regentaba una señora super simpática, con la que hablé un ratito. Me pedí un café noisette y una crêpe de chocolate, que desbancó del primer lugar de las mejores crêpes de mi vida a la que me tomé un día en Montpellier. El chocolate negro negro. La crêpe tierna, más que tierna, mullida, esponjosa…

Cuando la señora me puso el plato en la mesa, un hombre que leía un libro en la mesa contigua miró mi gran merienda con desconsuelo. Pero más tonto es él si sólo se pide un chocolate… Aunque a lo mejor hacía dieta.

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La señora me dijo que los miércoles por la mañana se reunía un grupo de gente española en el café y que viniera alguna vez. Con lo que me gustó Aix y con lo que me gustó la Crêpe…seguro que vuelvo, le respondí. :)

Aquí dejo las “coordenadas” por si a alguien se le ofrece…

Croquemitoufle- Salon de thé.

1, rue Joseph Cabassol, Aix en Provence

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Llevo cuatro días proponiéndome ir a la piscina a nadar, y cuatro días posponiéndolo porque surgen nuevos planes o me da pereza salir con el frío. Mi barriga empieza a abultar más y más en el pantalón y comienzo a sentirme incómoda al sentarme porque los vaqueros van apretando por lugares desconocidos hasta ahora.

Ya sabía yo que iba a ser difícil guardar la línea . Pero no tanto!!!  Odio verme con la cara de papa. Tengo que hacer algo… Dios, y mañana como en el comedor del colegio, socorro!!

¿Quién fue el cabrón que inventó los crêpes y las galettes?