Una tarde cualquiera en Niza, durante las vacaciones de febrero. Ana y yo, pasamos por delante de una tienda de maletas y nos fijamos en el escaparate, porque tenían unas de oferta a un precio buenísimo. Algo así como 15 euros el trolley más pequeño, y 30 euros el más caro, el grande. Pero uno muy grande.

Yo, de aquellas, andaba buscando una maleta grande  para la vuelta a España (este problema ha sido resuelto gracias a la última visita de mis padres). Y Ana buscaba una pequeña. Porque la habían timado en Ryan Air, pero eso es otra historia.

Así que entramos a la tienda y le preguntamos al dependiente por las subsodichas maletas. Comienza entoncesla situación absurda número #7 de aquella semana de vacaciones en Niza:

Dependiente: ¿Estas maletas? Son una porquería

P: ¿Cómo?

D: Sí, una porquería. No duran nada. No duran ni un viaje. Con los golpes que les dan en los aeropuertos… esta maleta te llega rota. Abierta. De todo.

P: modo miedo on y pensando, ahora es cuando va a intentar venderme el juego de maletas de Samsonite por 300 euros….

D: Mira, ya verás… Te voy a mostrar…

Ana y Pilar se miran, y se dicen con la mirada, sí, seguro que  ahora es cuando va  a intentar encasquetarnos las maletas caras.

Pero no, el dependiente saca una de las maletas baratas,  la coloca sobre la mesa, y la abre.

D: ¿Ves? Una porquería. Mira, mira, qué delgada. ¡Es de cartón! No te aguanta nada. Esta maleta es para viajar en coche en todo caso. Si la quieres para viajes en avión, buf, que va. Una porquería. No te la compres. Bueno, yo te lo digo. Es una porquería.

P: Ah.

Silencio

El dependiente se queda así. Sin añadir nada más. Con la maleta delante. Con gesto de “la maleta es una porquería”, y la cabeza torcida, actitud de es todo lo que tenía que decir, buenas tardes.

Ana y yo, allí, esperando. Esperando a que nos ofreciera el juego caro de maletas. Pero él no hacía nada.

P: Bueno, pues nada. Muchas gracias. Una pena…

D: ¡De nada! Que tengáis buena tarde.

Mutis por el foro.

No entendimos nada.

Ayer fui al cine a ver Genova, de Michael Winterbottom, titulada en francés un été italienne. La historia de un padre que, tras la muerte en accidente de su mujer, con sus dos hijas delante, que sobreviven al subsodicho accidente, decide cambiar de aires de manera radical, y tirar para delante. La hija pequeña, que se despierta por las noches, entre gritos de angustia y lágrimas, llamando a su mamá. La hija mayor, en plena edad del PAVO, pero MUY PAVO, que decide disfrutar por todo lo alto de su verano italiano…

Y de fondo, una Génova, bellísima, que entran ganas de conocer aunque sepas que el ojo de un director bien puede hacer embellecer hasta la ciudad más horrenda.

Muy recomendable por todo: las actuaciones, la música tan bien elegida, que a veces incluso parece estar viendo un videoclip (esas imágenes de las vespas avanzando por las calles caóticas de la ciudad…), la manera de filmar, con esa inestabilidad de la cámara que en mi humilde opinión aporta realismo, aunque algunos de los que vinieron conmigo consideraron que estaba mal rodada (lo que hay que aguantar!!)

Por cierto, tuve suerte. La película no la elegí yo. Dejé a la palmera que tomara la decisión. Ella leyó, país de realización: Gran Bretaña, y protagonista: Colin Firth, y concluyó lo sieguiente: una comedia romántica inglesa!!! ¡¡¡VAMOS!!! Dijo. Yo, leí entre líneas: Dirige Michael Winterbottom y pensé: ¡¡¡CLARO, que vamos!! Obviamente, no intenté convencerla de que no se trataría de la enésima historia de amor entre Julia Roberts, Hugh Grant, etc, en Notting Hill, jijij… Que si la contaba que la pelicula estaba rodada con cámara en hombro, no iba a querer ir a verla!! Cachis…

En general, hubo opiniones para todos los gustos: EL marroquí y la palmera detestaron la película. Melanie la toulousana, y mis compañeros de clase de francés, Juan y Valeria, y yo, salimos encantados.

Por cierto, ahí os dejo el trailer.

Ayer,  la Palmera y yo nos fuimos a Montpellier a pasar el día. El plan era comer de brunch en un sitio chulísimo que descubrí cuando estuve con Michi y Tomás. También avisé a S, una coruñesa genial que  es asistente de español como yo, y que vive en Montpellier.
El sitio en cuestión se llama Pre-vert, (ahí queda el link) y lo recomiendo encarecidamente. El brunch, aunque es un poco caro (16 euros), no es de los más caros que he visto, y es cundente: Primero un plato con una tostada y un minicroissant y un botecito de mermelada. Después, un gran plato con: ensalada, queso de cabra, una porción pequeña de pizza, hinojo confitado, salmón ahumado, macedonia de frutas, y una magdalena. Zumo de naranja natural y café con leche.

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Cuando terminamos, nos quedamos un buen rato de tertulia,y la dueña vino a preguntarnos si queríamos algo más. Le pedimos cada una un café noisette, y nos invitó!!!!!!!  Pa’flipar…

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Después de comer, nos acercamos hasta el Jardin des Plantes, uno de los jardines botánicos más antiguos de Europa. Pertenece a la Universidad, todavía van allí los estudiantes de medicina y farmacia a utilizar los “hierbajos” que hay plantaos. Además, los sábados por la tarde, hay un grupo de teatro que dinamiza el jardín, monta numeritos y entretiene a la gente… Hasta que llegamos S y yo y los entretuvimos a ellos….

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También se cruzó una rana en nuestro camino, con efectos diversos en cada una de nosotras, veáse la imagen que vale más que mil palabras…

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Y bueno, terminamos el día tomando unos de estos zumos que están tan de moda ahora, en algunos sitios. Estuvimos en uno donde ofrecían una carta con casi cincuenta variedades. Para hacerlos, cogen cuatro o cinco tipos de frutas, verdudas o especias muy dispares entre sí (pera, mango, canela, gengimbre, pimiento, zanahoria) las meten en algo así como una batidora-trituradora gigante, y cuando tú piensas que el resultado será asqueroso, pues no, resulta que está riquísimo. Lo siento, no hay fotos.

La palmera y yo regresamos muy felices a nuestro pueblito avignonense y colorín colorado.

Segunda oportunidad a Marseille. Y no pasa, no pasa del aprobado. La Palmera coincidía conmigo en esa sensación que me persiguía todo el tiempo callejeando por la ciudad: ¿Cuándo vamos a llegar a algún sitio interesante? Sí, esa es la sensación, la sensación de que aún no has llegado al centro, la sensación de que estás todo el tiempo en las afueras aunque lleves ya media hora andando por el mismísimo casco antiguo. Difícil encontrar un sitio para tomar un café que no sea un Mc Donalds o un Kebab (y no me vale la excusa de que esa es la mismísima esencia de Marseille).

Pero todo esto lo puedo aceptar, lo puedo meter dentro del saco de ese remoto y extraño “encanto” que todo el mundo dice que Marseille tiene. Lo que me parece denigrante para una urbe de 840.000 habitantes, y una área metropolitana de 1.623.000 habitantes , es su red de transportes. Dos líneas de metro y un sistema de autobuses que en cuanto se colapsa un pizco el tráfico, se convierte en una ratonera. Ejemplo: Ayer, cuando fuimos hasta las Calanques y la vuelta, que en un trayecto normal serían treinta  minutos, se convirtió en un viaje de hora y media, que nos hizo perder el tren que habíamos previsto tomar en un primer momento.

A pesar de todo esto, hay algo que me ha gustado de Marseille: Sus zonas verdes. Grandes lugares de esparcimiento para hacer picnis como el que hicimos ayer, en compañía de Michel, mi profe de Snow, recuerden, y su amiga Joana, estudiante de Bellas artes y totalmente artista en esencia, como pudimos comprobar al entrar en su apartamento: una siniestra pared torcida por la antigüedad del edificio,  llena de vestidos antiguos recogidos de la basura, que colgaban de clavos que ella misma martilleaba cuando encontraba una de sus últimas adquisiciones, “para alguna performance o para transformarlos luego, no sé….” explicó ella con esa manera cansina pero simpática que tenía de hablar.

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Un perro muy majo que tenían los señores de al lado.

Pasatiempo: Encuentra a la artista

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suc54863Mirando al suelo para no matarme por las agrestes calanques :D

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suc54852Les Calanques

Los gps a veces son unos aparatejos muy perros. Y si no, que nos lo digan a nosotros, cuando el sábado lo utilizamos para ir desde les Baux de Provence hasta Arles.

Michela lo encendió e introdujo los datos. Al parecer el gps decidió por sí mismo  (y digo por sí mismo porque un objeto que nos hace la perrería que hizo éste, tiene que ser un ente animado por narices…) que nos apetecía ir hasta Arles, no por el camino más rápido, ni por el más corto, ni por el más directo, no…

El gps debió activar el Carreteras y caminos rurales de la Provenza con encanto MODO  ON, porque nos condujo a través de auténticos caminos de cabras, desafiando todas las indicaciones de los carteles que señalaban a Arles para obligarnos a tomar la opción contraria a la sugerida por aquellos… Eso sí, un viaje de lo más “Charmant” y muy muy bonito. Atravesando caseríos de millonarios británicos y ovejas pastando en los verdes prados de una primavera recién estrenada.

Iba Tomás tan embelesado disfrutando de la charmante carretera provenzal, que no vio el megaguardamuerto hijoputa que se aproximaba. De tal manera que cuando lo atravesamos pegamos todos un bote que casi salimos disparados por el techo del coche pa’arriba.

Pero lo mejor fue descubrir que el golpe había sido tal, ¡¡¡¡¡¡que el maletero del coche se había abierto!!!!!!! Tomás paró en seco para cerrarlo, mientras nosotras nos partíamos de risa ante lo absurdo de la situación.   Un todoterreno nos adelantó y al pasar a nuestro lado nos miró con gesto alucinado, como intentando averiguar qué droga nos habíamos tomado.

Tomás, tanto rollo con que nos bajáramos del coche para sacarlo del aparcamiento  por no dañar los amortiguadores con la altura  del bordillo, y ¡¡¡¡¡¡ luego nos haces esto!!!! Desde luego…. jajajajaja…

Finalmente mandamos al gps a la mierda, y empezamos a seguir las indicaciones de los carteles, mientras el aparatejo repetía una y otra vez: RECALCULANDO, RECALCULANDO, RECALCULANDO… Sinceramente, no sé como no explotó del esfuerzo… Pa mí que esa mañana se quiso vengar de algo que Michi y Tomás le habían hecho antes…

Cosas que pasa en Provenza, y sus carreteras y caminos rurales con encanto.

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¡¡Como me gusta que mis amigos más queridos me visiten!! Este fin de semana han venido mis amados Michela y Tomás, los italo-gijoneses más simpáticos de toda Pamplona (¡¡¡por poco tiempo!!!)…  Lo hemos pasado genial y como siempre, mi karma tan “divertido” ha atraído diversos momentos absurdos, que ya relataré. Este fin de semana pasará a mi cajón de los recuerdos desde ya…

El viernes pasamos la mayor parte del día en el Parque Natural de la Camarga, la marisma en la desembocadura del río Ródano. Llegamos allí a eso de las doce. Antes, habíamos parado en un supermercado por el camino para arrasar con todos los tipos de pan habidos y por haber en Francia. Para hacernos los bocatas del mediodía.

En la oficina de turismo de Saintes Maries de le Mer (el pueblo “capital” de la Camarga), pedimos a la chica  información sobre posibles rutas para hacer a pie. Con no demasiada gana, sacó un mapa, que puso sobre la mesa, y una hoja amarilla con información variada para los senderistas.

Michela entonces preguntó con educación: ¿Qué ruta nos recomiendas para hacer en poco tiempo?

La señorita de la oficina de turismo,  respondió, con una frialdad que habría congelado la mismísima marisma que a nuestro lado se hallaba, contestó:

Tenéis toda la información en los folletos.

Ante nuestra absoluta perplejidad, volvió su  mirada a veteasaberqué,  y nos ignoró por completo.

-Ah.Gracias.

En fin, que decidimos lanzarnos a la aventura por nuestra cuenta y riesgo, y elegimos una rutilla paralela al mar. Pero antes, había que comer, claro. Así que lo siguiente era encontrar un lugar resguardado del viento MISTRAL. Tarea difícil, e imposible… Terminamos comiendo en un banco del paseo marítimo de Saintes Maries, luchando contra el vendaval. Con momentos cruciales, como cuando a Tomás se le voló el plato de ensalada, y una lluvia de aceite, maiz y vinagre cayó sobre su manga (ups… Tomás, lo he contado!!! jijij)…

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Después de este maravilloso picnic mistralense, comenzamos a andar. No fui exagerada al ponerme mi abrigo de colorines (sí, el que llevé a la nieve para hacer snowboard), ya que  las ráfagas de viento alcanzaban los 65 kilómetros por hora (lo habíamos visto en internet antes de salir de casa)… Pero a pesar del viento fue un paseo muy agradable, acompañados por flamencos rosas que sobrevolaban nuestras cabezas, y otros pájaros misteriosos que huían de nuestra presencia.

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Después del paseo, dimos una pequeña vuelta por otro pueblo de La Camarga: Aigües Mortes. Pequeño pero muy recomendable, con sus callecitas empedradas y la luz del atardecer que te invitaba a sentarse en las terracitas a decir: Esto es vida… Lo que pasa es que eso ya lo habíamos hecho en una terracita de Saintes Maries…y no se puede tener todo… Tampoco las suculentas tartas con fresones de temporada que se ofrecían en los escaparates de los salones de té…

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A las seis y pico de la tarde estábamos llegando a Montpellier. Aparcamos en la zona de Antigone. Michi y yo fuimos corriendo a pagar el parquímetro. Leímos los precios: Cuatro euros por dos horas… Bueno, ponemos esto ¿no? Sí,claro. Venga yo  pongo dos euros y tú otros dos.

Las dos a la vez pensamos, pero no dijimos nada: qué raro, el reloj del parquímetro marca las 11 horas. Pero como unas mongolas apretamos el botoncito verte que emite el ticket y no hay vuelta atrás

Dos milésimas de segundos después, nuestros ojos, también casi a la vez, leyeron los horarios del parquímetro: aparcamiento de pago hasta las seis de la tarde… ¡¡¡Y eran las seis y media!!!!!! Nos empezamos a reir con lo absurdo de la situación, y como pudimos, le explicamos a un extrañado Tomás que teníamos plaza de aparcamiento hasta las once horas del día siguiente.

Así que decidimos recuperar nuestro dinero invertido ya de por vida en el ayuntamiento de Montpellier, colándonos en  el tranvía, costumbre que he tomado ya desde hace tiempo como mía.  Y es que para un español una puerta abierta en la parte de atrás de un medio de transporte está diciendo a voces: ¡¡¡entra y no pagues, entra y no pagues!!!

Pero aún quedaba lo mejor por llegar… Michi quería merendar una crêpe. Llevé a mis invitados a la única crepería que conozco en Montpellier. Un restaurante de dueño bretón donde hacen unas crepes estupendas, y que descubrí en la visita de los barceloneses.

Cuando el camarero llegó y nos dio la buena noticia, casi no nos lo podíamos creer. Había Happy Hour hasta las 20h y todo lo que pidiéramos ahora, nos saldría a mitad de precio!!! Esto hizo despertar el Monstruo de las galletas que los tres llevábamos en nuestro interior. Tomás sugirió cenar ya, aprovechando las rebajas, y ponernos las botas a crêpes y a sidra bretona. Yo, entusiasmada con la idea, apoyé la moción, y Michi, en primer momento reticente porque aún no eran ni las siete de la tarde, finalmente aceptó cuando Tomás le planteó que  podíamos hacernos a la idea de que estábamos cenando a horario francés, que no era tan raro.

Así que nos líamos la manta a la cabeza y pedimos una crêpe salada y una dulce para cada uno, una botella de sidra dulce, y al final caería también un té con limón, para bajar tanta comida.

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Momentos sublimes de la noche:

– 1#Crêpe banana au chocolate/banana ou chocolate

Ese momento inmortalizado en video (para uso doméstico, lo siento), en el que Michi, se muestra ilusionada a la espera de su crêpe de postre: banana con chocolate. Yo le planteo la siguiente cuestión: Michi, no es lo mismo banana au chocolate que banana ou chocolate, ¿te acuerdas que decía la carta? Michi cambia su semblante y se queda pensando,  no me acuerdo, dice… y se queda hecha polvo. Ella quería su crêpe con los dos ingredientes. (Al final era banana con chocolate, igual que el mío era chocolate con almendras). Su cara es todo un poema. El video queda en mis favoritos para visionar en momentos de bajón, junto a aquel ya mítico de “Bienvenue en Marseiiiiiiiiiiille”.

2# El camarero es bastante guapo y además, tiene buen culito

Parece que no aprendemos que el español es una lengua que no es como el suajili o el ruso. No. El español se estudia, y además bastante. Pero como digo, no aprendo. Así que estando el camarero a unos escasos tres metros de nosotras, atendiendo a otra mesa, hago el siguiente  comentario a Michi: Pues el camarero es bastante guapo, así un poco gordito,ñiñiñiñi, y además, tiene buen culito. En ese momento, el camarero se gira hacia nosotras y nos mira durante dos décimas de segundo. Nos quedamos paralizadas, y decimos: Meca, ¿tú crees que sabe español?

Dicho y hecho. Cuando el camarero termina con aquella mesa y pasa por la nuestra, le paramos, y le decimos en francés: L’addition, svp! El, muy sonriente, se para, y dice con sonrisa pilluela, y perfecto español: Claro, la cuenta!

Intentamos aguantar la risa hasta que se fue, pero mi color de cara rojo-amarillo-verde-violeta-rojo  fue un fenómeno imposible de evitar…

-3# Intentando cruzar la calle del Arco de Triunfo

Tomás estaba a la entrada del parque preparando su trípode para hacer una foto nocturna delante del Arco de Triunfo de Montpellier, pero Michela y yo nos habíamos quedado regazadas. En nuestro intento de cruzar una calle con un tráfico increible para ser las nueve de la noche (y ser Francia), en un supuesto paso de peatones nada visible, y prácticamente a oscuras porque casi no había farolas, nos lanzamos a lo kamikaze,  y atravesamos la vía. Mi abrigo Roxy, tan chillón como colorido, fue my práctico, ya que con tanto color flúor,  es reflectante. Así que bastó con agitar el brazo como una loca recién salida del manicomio para que el otro psicópata conductor que se acercaba a una velocidad nada adecuada para una vía urbana, nos viera y frenara. Franceses al volante, peligro constante.

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Mañana, segundo capítulo de la visita de Michi y Tomas. De cómo conseguir que  el maletero del coche  se abra en plena carretera rural , y en marcha, por supuesto.

Mientras tanto, un beso para mi últimos visitantes, ¡¡¡os echo de menos!!!!  Gracias por todo, sobre todo por vuestra compañía y risas, ha sido un fin de semana genial. No os digo que volváis porque ya no nos quedan fines de semana, pero no os marchéis nunca de mi vida :)

Este fin de semana me he superado a mí misma y he aprendido a hacer algo que en la vida me habría imaginado haciendo…

¡¡snowboard!!!! He aprendido a hacer snowboard!!

He estado el sábado en la estación de Deux Alps (como su nombre indica, en Los Alpes), y….

Después de 5 horas de enseñanzas (en francés, lo cual suponía un claro obstáculo que ralentizaba mi aprendizaje), fui capaz de, levantarme con dignidad, sin resbalarme (no veáis lo que me costaba levantarme del suelo),  bajar toda la pista (la pista donde estaban los niños, y otros adultos mongolos como yo aprendiendo a romperse una rodilla con los skies y derivados) haciendo virajes y todo, sin caerme, para llegar hasta el final, como una campeona, y frenar, haciendo un girito y todo… ¡¡¡INCREIBLE!!!! Si me hubiera visto mi padre…

Todavía no tengo ni las fotos en acción, ni el video en el que se oye a mi colega Michel gritando: DERRIERE DERRIERE!!!! unos segundos antes de estamparme contra el suelo allá abajo de la cuesta, pero todo se andará…

Mientras tanto, os dejo con las instantáneas en las que se ve lo requetemonísima que iba yo con mi abrigo y mi gorro alpino, jjij… Menos mal que no podéis ver los pantalones que me habían prestado: color amarillo pollo con el logo de una pizzería de Lyon. Así no pierdo un ápice de glamour ante vuestros ojos…

dsc00911Con mi profe  particular

imagen0121 A 3000 metros de altura, o por ahí andábamos…

Me ha encantado la experiencia en la nieve… Es toda una parafernalia protocolaria increible: Eso de no pasar frío, sudar como un pollo, tener que echarme crema factor total, sentarnos en la nieve a hacer un picnic como si nada, caerme del pequeño telesilla individual (no se el nombre técnico) que te ayuda a subir la pendiente (en fin, sin comentarios) y montar el show, para que se NOTE BIEN QUE ERES ESPAÑOLA con las voces que pegas… son todo anecdotillas sin importancia, que han contribuido a que el año que viene, si tengo dinero, tiempo, y ganas, repita la experiencia, vaya usted a saber en qué pista y en qué compañías… ya que ya se sabe que en España esto del ski sale un poco más carillo.

Por cierto, y a modo de postdata. Podemos afirmar que aún quedan gentiles hombres en La France, que buscan sólo amistad et voilá. Michel, 30 años, soltero, guapo y agradable.   Sacrificó entero su fin de semana, vino conmigo hasta la nieve, me enseñó gratis a hacer snowboard, tuvo más paciencia que un santo job, y a cambio, ¡no intentó nada de nada! No intentó ligar, no intentó coquetear, no intentó nada más allá, se portó casi casi como un padre, y se preocupó de mí en todo momento durante todo el fin de semana como tal.( Huelga decir que Ana y yo habíamos establecido un sistema de llamadas perdidas para controlar las 24 horas del día que mi colega no me había tirado por un precipicio en los Alpes. Hay que andarse con precaución, hombre!)

Aún quedan esperanzas…