Dice Claudia que cuando yo tenga bici, iremos a unas calas que hay saliendo de Barcelona, hacia el norte.

Me apetece. Pero no podrá ser hasta el mes que viene (nota realista dentro del post idealista).

Me encantan mis compañeras de piso.

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Tengo una nueva profe de francés. Se llama Sophie y contacté con ella a través de  internet. Es genial. La casualidad ha querido que Sophie sea de Avignon. El viernes dimos la primera clase, me encantó, mucho mejor que la prueba que tuve con otra profesora unos días antes, la que tenía bigote y barba y olía a sudor. Bastante mejor, vaya.

Las clases son a primera hora de la mañana (no demasiado calor aún) en una  terraza con vistas a las ramblas  y al gótico, y la hora se me pasó volando. A mitad de la clase, entró un señor con el torso desnudo y se puso a hacer el king kong, golpeándose el pecho y gritando. Il est mon mari dijo ella, sonriente. Yo creí que me meaba de la risa…

Dice que en septiembre me puedo presentar al DELF B1. Así que yo me fío de ella. Y encima es de Avignon.

Razones por las que lo paso tan bien con mis amigas. Y por las que me gusta tanto Navarra… Qué verde todo… Incluso Pamplona, que si no leí mal, es una de las capitales europeas con más zonas verdes… Y me lo creo. Regresé renovada: el verde y las conversaciones con amigas de verdad me reponen la energía. Y las risas, por supuesto.

Ah, y los crepes…

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Estoy contenta. La recepción empieza a dejar de tener secretos para mí (aunque siempre aparecen clientes con nuevas preguntas sin respuesta y expedientes x), y sobre todo, empiezo a llevarme bien con mi compañero de turno.

Creo que estamos comenzando a cogernos el punto el uno al otro. Menos mal.

¡Hoy he inaugurado la temporada de playa!  En Bogatell.

….vaaaaaaaaaaale. LO reconozco. Sólo me he metido hasta los tobillos (Tengo una excusa: vigilar las mochilas de los vendedores virtuales de cervezafantacocacola) . Pero he ido en bikini, he estrenado toalla, me he echado crema (factor 40) y he tomado el sol durante casi dos horas…

*Por cierto, mi ilustre acompañante y yo hemos alucinado con las tetas de silicona  que se ven ya en las arènes del circo romano….

Hoy la jornada de trabajo ha sido re-que-te-du-ra. He sentido en más de una ocasión deseos de gritar, patalear, pegar a alguien,y no precisamente a los clientes (hoy me ha tocado enseñar el centro a gente especialmente simpática!), sino a esa maravillosa raza que son los compañeros de trabajo, o como dicen los franceses, los Collegues.
Parece que lo normal es que el conocimiento te venga del aire, lo respiras, y voilà. Ya lo tienes en tí. Joder, qué guay. Ya podía haberme sacado la carrera así, con esta metodología de aprendizaje tan moderna. Claro, igual lo más normal es que si me tengo que aprender 567.098 leyes y normas sobre el funcionamiento del club, me las deis por escrito, yo me las leo en casita y a los dos días soy una perfecta trabajadora alienada que repite mecanizada todos los procedimientos perfectamente.

Pero como no tengo el libro ese gordo de Petete porque al parecer no existe… no sé cómo hacer las cosas, y cuando tengo fallos, me equivoco, y bastante tengo yo con reconocerlos. No, pues encima tiene que haber alguien cagándose en mí y poniéndome malas caras.

Menos mal que la mañana paseando por el gótico en muy muy agradable compañía, reponiendo fuerzas con roiboos de canela y un delicioso menú en un restaurante vegetariano (de cuyo nombre no me acuerdo pero ya buscaré para deleite de mis escasos pero fieles lectores, jejeje… ) fue  suficiente para afrontar esta dura jornada de alienación con dignidad y alegría.

Gracias a mi hermano, que me ha montado los muebles de IKEA que compramos el sábado, y a mi cuñada, que ha sugerido una disposición de los  muebles totalmente opuesta a la que había en un principio, mi nueva habitación ha quedado preciosa. Tal que así:

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Mi nuevo espacio es pequeño, pequeño. Pero así tardo menos en limpiarlo. Lo mejor es que veo el cielo, el tejado del mercado que hay debajo, y las risas de las señoras que vienen a tomar café a las 8 de la mañana de lunes a viernes a la terraza de debajo de casa. Es justo la hora a la que me levanto, y me encanta despertarme con risas de señoras.